martes, 5 de marzo de 2019

La flauta mágica"Sueños" Relato"



La flauta mágica
 
"Sueños"
"Relato"


“Aquel esplendoroso y radiante día de primavera, era la primera vez que la princesa Diana, salía a pasear a lomos de su potranca de sedosas y largas crines llamada Teida. El jefe de cuadras  la había domado pacientemente para que, cuando llegase el momento, la princesa no tuviese ningún percance, pues sufría el riesgo de que incluso le cortaran la cabeza, si a la princesa algo malo le pasara. El rey era muy generoso y espléndido cuando las cosas le iban bien; pero tornaba en cólera si alguien le contradecía o veía en alguien un motivo de culpa. Iba la princesa pues cabalgando apaciblemente  con Teida por las praderas de su reino, las cuales en esos momentos estaban esmaltadas por infinidad de florecillas multicolores, cuando de pronto,  una bandada de pájaros de diferentes clases irrumpieron en vuelo. Hecho éste por el cual, la potra se asustó y desbocó, tomando la dirección de los citados pájaros.

 La princesa se esforzaba en  detener a la asustada Teida; pero ésta hacía caso omiso, cuando de repente la potranca cesó en seco su galope, cayendo la princesa al suelo por el empuje de la inercia. Un tanto aturdida, la princesa logró recobrarse, y cuál no sería su sorpresa, al ver que debajo de una añosa encina se encontraba un joven pastor tocando una melodía con su flauta hecha de caña. Curiosamente se encontraba rodeado de pajarillos e incluso de aves de rapiña y de mal agüero. Parecía como si todas las aves de los alrededores hubiesen acudido a oír tan melodiosas sinfonías. La música ofrecida por el joven pastor le pareció tan maravillosa y relajante a la princesa que, sin mediar palabra y oculta tras unas matas de amarillentas retamas, se quedó observándolo un rato; Pero llegó un momento en que por mediación de una fuerza invisible, hizo que ésta se acercara hasta el pastor, y éste, sorprendido de  ver tal virginal belleza, cesó de tañer su flauta, momento este en el que todos los pajarillos y aves que se encontraban a su alrededor se asustaron y huyeron volando hasta perderse en los confines del bosque cercano.

La princesa exclamó un— ¡Oh, lo siento! No era mi intención interrumpir y asustar de este modo a los inocentes pajarillos. Pero dime ¿Cómo lo consigues? Quiero decir, el atraer a los pájaros con la música de tu flauta.
__Cada nota y una por una, me la han enseñado ellos. Unas veces en la profundidad de las frondas, tal es el caso del ruiseñor y el mirlo, otras en el espinoso cardo, como el jilguero, otras tras la fresca yacija del trigal en el caso de la alondra y la calandria,  y así en cada rincón oscuro y parapetos de los alrededores. Yo simplemente les escucho y jamás les hago daño, por tanto veo normal que ellos acudan a oír la música que yo ofrezco con mi flauta cuando llega el momento. Pero dime, ¿tú quién eres?, dado que nunca antes había tenido la suerte de  haberte visto merodear por aquí, pues de haberlo hecho, estoy  seguro  que los pajarillos me lo habrían dicho, y por tanto, me acordaría.
—Yo…, yo…, yo soy la hija del leñador—dijo con voz trémula como una hoja de sauce.
—¿La hija pequeña del leñador quizá?
—Eso…, eso es…, soy su hija pequeña…
De súbito, varios caballeros que por precaución siempre la escoltaban, rompieron   aquella  conversación que de manera afable el pastor y la princesa Diana habían entablado.
—Princesa Diana.., ¿estáis bien? Vimos tu yegua desbocada y corrimos apresurados  en tu ayuda. ¡Oh que horror estás toda magullada! Tu padre el rey igual nos exilia. ¿No te habrá hecho daño este canalla?
—Oh, no…, no…, él sólo…me…
—¡Qué le has hecho a la princesa truhan!—preguntó exaltado el caballero.
— La culpa fue de los pájaros, él los atrae a todos con la música de su flauta— dijo con voz temblorosa la Joven Diana.
—De modo que atraes a los pájaros para después asustar a la princesa ¿no es así?-preguntó uno de los caballeros.
El joven pastor no salía de su asombro, y las palabras se le quedaron bloqueadas en su redonda garganta, sin ser capaz de expresar con ellas lo que realmente había sucedido.
—A ver, ¿obra en tu poder algún documento con el sello real que te permita tocar la flauta?-preguntó  otro caballero.
El joven pastor seguía sin dar crédito a lo que le estaba pasando y ante la negativa de sus palabras para salir en su defensa, tan sólo se limito a hacer una negación con la cabeza.
—¡Guardias…, detenerle! Y confiscarle todas sus ovejas y por supuesto la flauta...
La princesa  Diana fue apartada del pastor, y a éste se lo llevaron maniatado hasta el castillo.

Cuando llegaron, el radiante día se torno en  triste, pues  una enorme nube como una capa negra  se instaló en lo alto del castillo, impidiendo atravesar las oblicuas lanzas del  sol.
Toda clase de pájaros cesaron su actividad y desaparecieron.Sólo un cuervo de aspecto sepulcral se atrevió a graznar, al comprobar la cósmica injusticia que se estaba produciendo, para a continuación volar en dirección al soto del río.
El joven pastor, fue encarcelado en la torre mayor hasta que se produjese el dictamen del juicio, y la princesa, triste  y decepcionada se encerró en sus aposentos.
Al día siguiente, todos los pájaros enjaulados y que permanecían como mascotas, pusieron su cabeza bajo el ala; y hasta las gallinas de los corrales se negaron a producir huevos, pues entre todas las aves ya se había corrido la noticia. Tan apesadumbradas quedaron que, hasta los gallos con su flautín guerrero enmudecieron.
En el castillo, había un palomar con  varios  cientos de palomas mensajeras, y en una de ellas especialmente hermosa de níveas y relucientes plumas me convertí. Fue entonces cuando mi actividad como mensajera se puso en acción, sólo que con la salvedad de serlo exclusivamente con los dos jóvenes. Recuerdo que fue la princesa Diana quien requirió de mis servicios. Llorando, y pálida como una gota de cera por la preocupación; empezó a escribir una carta que sirviera de consuelo al joven pastor. En la carta decía:
“En el día de hoy, siento hasta en las últimas y recónditas cavernas de mi alma el atropello que se ha producido contigo. Mi padre, el rey, no ha querido escucharme, parece, no creerse mi versión de que fue sólo un inesperado accidente hípico, y que incluso disfrute de los pocos segundos que tú  presencia ofreció. Ahora, las sonoras fuentes de mis ojos se han secado, lo que no me sirve de consuelo, al no poder expresar con lágrimas mi sufrimiento; Mas espero que al menos sepas que, en estos momentos de angustia y de dolor, estoy contigo.”
Terminada la carta,  y acompañada de otra hoja en blanco y una pluma, me la ató a la pata y me soltó.
El joven pastor que, en esos momentos permanecía asomado a través de los barrotes de su improvisada celda, al verme, se le alegró el corazón y estiró su mano donde  con la liviandad de una pluma me  aposté.
Después de leer la carta, la cual sirvió de consuelo, tomó la pluma escritora y comenzó a escribir: “Créeme lucero del alba que, cien años   en este estado aguantaría, si supiese que al menos con tu mente estás conmigo. Siempre he sido libre como los pájaros, y el estar aquí enclaustrado no es de agrado; Pero seguramente El Creador, que, nunca deja las cosas al azar, abrirá un nuevo sendero en la jungla de nuestros destinos para que estos vuelvan a unirse. Quiero que sepas que quedé impactado por tu belleza infinita, la cual a día de hoy no tiene rival en mi alma.  Y pese ha haberme mentido fingiendo ser la hija pequeña del leñador,  a la cual nunca he visto, comprendo tu mentira si con ello nos hacía más iguales. Aunque desafortunadamente tu mundo y el mío son tan opuestos que parecemos el agua y el fuego; pero en esta ingrávida situación sepas que sigo soñando.”
Los preámbulos de la historia se repetirían varias  veces, hasta que ya por último y con cierta familiaridad, el pastor animó a la princesa a que le consiguiera su flauta, para poder transmitir con sus sonidos a todos los pájaros que  se encontraba bien y animar a  todos ellos a reanudar sus actividades  siempre beneficiosas para el hombre, pues entre otras cosas, intuía que enormes nubes de moscas y mosquitos  harían su aparición por todo  doquier del reino   haciendo que la vida de sus habitantes  fuese insoportable.
La mente adivina del pastor fue crucial. Pues grandes bandadas de mosquitos, moscas y los temibles tábanos hicieron su aparición, primero en las caballerizas, por lo cual lograron enloquecer a los caballos, cuyos relinchos quitaba el sueño incluso hasta el rey. Pero luego se empezaron a colar por las rendijas de  las ventanas y   de las puertas. Por lo que desesperado el rey, no tuvo más opción que admitir los remedios del pastor.
El pastor fue  excarcelado y se le entregó su flauta con la que comenzó a tañerla. Entonces, todos los pájaros y aves de la comarca, especialmente guiadas por las golondrinas vinieron en su auxilio,  por lo que aparte de darse  un gran festín de insectos, hicieron que el rey en prueba de agradecimiento por acabar con dicha plaga  le devolviera sus ovejas    y lo nombrara caballero del reino.

Eso sí, además del escudo y la espada  siempre debería llevar  encima su encantada flauta. (Por si las moscas.)

La princesa Diana todavía era muy joven para casamientos, pero siempre tenía el consuelo de tener cerca  a su pastor ya convertido en caballero del reino, y con el cual llevaría su romance ya con el consentimiento de su padre el rey.”

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