Excursión a la montaña
Larilailarilari, larilariliruliiiii..
Lailailarilarilu, larilarilarilooooo...
Vivimos en un pueblito
del los Alpes italianos,
Rodeados de picos en punta
como sombreros de brujas
y que están siempre nevados.
Pero una mañana estival
con el corazón alado,
decidimos escalar
para tocarlo con la mano.
Y tras cojer algunasa cuerdas
herrajes y algún piolet,
dirigidos por mi padre,
subimos lo menos diez.
Nos fuimos bien pertrechados,
porque siempre hay que prever,
las inclemencias de la montaña
si exige echar a correr.
Hay tormentas de verano,
que cuando echan a romper,
entre los truenos profundos
y los rayos por doquier,
parece echa encima el mundo
y nadie puede con él.
Larilarilarilari, larilarilarilooooo...
Larilarilarilari, larilaluriiiii..
Nos fuimos en fila india,
nuestrro obgetivo llegar
a los picos dolomitas
de belleza singular,
Y cuando todos estábamos
de la cumbre a la mitad,
oimos unas canciones
y unos silbos
con dulzura celestial.
Larilarilarilariru, lalarirorororiiii.
Lalailalailalila, tiruriruriruraaaa...
Qué fantasticas canciones
se podían escuchar,
por lo visto de las almas,
que vagaban cin cesar,
Las dolomitas gustarón
y allí se querian quedar,
cantando aquellos requien
para hacerlos inmortal.
Una tormenta repentina,
hizo a todos regresar,
hasta llegar hasta el valle,
con un verdor especial,
fruto del agua y la nieve
como un regalo celestial.
Lo mismo que aquella música
agradable y sideral,
ofrecidas por las almas
viviendo en su eternidad.
Larilalilarilariiiii... Lalilarilarilooooo.
Larilarilarilari... larilarillariluuuuu....






