Accidente mortal
¡A penas
había podido familiarizarse con la juventud!; Pero es que el coche, es una
burbuja que nos lleva a lo subterráneo, ¡a la muerte!
Puesto que
un destino cruel me ha robado prematuramente la dulce mitad de mi alma, ¿Qué
puedo hacer yo con la otra mitad separada de la que para mí era mucho más
valiosa? Se disipó toda la dicha que me procuraba su dulce compañía. ¡Ya nunca
más podré hablarle, ni oiré el timbre de su voz; no podré hacerle partícipe de
mis secretos como a un amigo, ni podré refugiarme en su pecho cuando dolorido
el mío sienta una traición! La vida sigue, pero el dolor continúa con su
recuerdo.
Desde que
nacemos, estamos indefensos contra el Destino y somos incapaces de adivinar las
trampas y desilusiones que apostado en la penumbra nos prepara.
¡Diríase
que alguien nos contempla y se regocija de nuestras catástrofes!
Pero hay que afrontar la difícil tarea de olvidar la desgracia.
A veces la
desgracia tiene necesidad de arribar en el umbral de muchas casas para visitarnos.
Las pobres casas son puertos harto inocentes de la llegada de esta malvada visitante.
Pero creedme, la desgracia es a veces nuestra peor enemiga y nuestra mejor
maestra, es cruel decirlo ya lo sé; pero ella nos enseña el significado de la vida.
Cuando ustedes sufren saben lo que deben saber, creen lo que se debe creer y
desde luego hacen lo que se debe hacer: son en suma lo que deben ser. No
obstante tendrán la alegría que la desgracia destierra, la alegría es tímida;
pero no tienen ninguna necesidad de ser desgraciados para ser perfectos, dado
que la doctrina de la perfección por medio del sufrimiento es una saeta de
crueldad, reñida con el límpido cielo de este sosegado planeta.

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