jueves, 3 de enero de 2019

Un sencillo latido

UN SENCILLO LATIDO

 

 


 

Mientras escucho a los pájaros laureados

llueve una dulzura inquieta

en las herbosas zanjas,

donde exhaustos, transitan los limacos.

El aleteo de su cielo eterno

se precipita en el regazo

de un solitario crisol,

que huye de la herrumbre

de un fuego histérico.

Se desborda el perfume pomar

en el error de la Natura,

al compás de una llovizna de fatigas

que  cabalga por los sombríos limoneros.
 

Un viento metálico retumba

en las escamas del mar,

para después yacer

en las espumas negras

de un horizonte lívido.

 

Presiento un albor viejo y difuso

en las selvas invisibles,

donde una alegría solitaria

abraza el alfabeto astral.

El alba desnuda se destempla,

retornando su futuro hasta mi orilla

donde se atorbellinan unos brazos

desprendidos de una borrasca de ceniza.
 

Relámpagos grises se desperezan

en los altares de un fuego fatuo,

mientras se oye un alboroto de ávidos escalofríos

flotando en un mar de cartón.

Como gárgolas se elevan de las viñas

embriagando a los mirtos

de las laderas confusas,

colmados de ánforas con ficticios colores

en el sofocante fuego de una luz abisal.



Taciturnas multitud de piedras

abandonan las brisas de los dulces exilios,

girando alrededor de una urna

que, ebria, extiende sus sueños sin alas.

Tropel de avispas errantes

embeben los crepúsculos de yeso,

como una horda que resplandece

ante una ráfaga de polvorientas sombras.
 

Trémulos quejidos se sobresaltan

ante el sabor ajenjo de un áureo gallinero,

que se resquebraja

ante la condena de un soplo.

Su música discorda

con las erráticas fuerzas del viento;

Mientras crece el rencor mecánico

que bulle de la efímera memoria,

tratando de herir un sencillo latido.
***

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