Exaltación viquinga
Las naves vikingas
Surcaron los mares,
Cual aves flamígeras
Con portes reales.
Ungieron el viento
Y las tempestades
Sin abatimiento
En las adversidades.
Pero un mal día
Con mar turbulento
Las olas tundían
Y azotaba el viento.
Los diablos del infierno
Abrieron sus fauces,
Resoplando truenos
Destrozó sus velas,
Derribó sus mástiles,
Y perdió la estela
Cual flor sus estambres.
No veían la cúpula
Del brillante cielo,
No poseían brújula
Estos marineros.
-¡Rogad que calme el viento
Que azota nuestros cuerpos
Logrando abrasar!
Que cuando
el mar esté en calma
Todo el escozor y rabia
Habrá así de aliviar.
Uno miró hacia el cielo
Y junto a dos luceros
-No preocuparos compañeros
Por ella nos guiaremos,
Hasta algún puerto arribar.
Mas otro miró sus manos
Desnudas, con sangre,
Rezumando sal,
Y dijo: ¡como llegaremos
Sin un solo remo
Para navegar! -
Nuestras manos usaremos
A modo de remos
Y aleta caudal.
-Ya oigo cantar las sirenas
A la luna llena,
La luna de Olak¡
Por ahí! ¡Escuchad!
Nuestras manos usaremos
A modo de remos
Y aleta caudal.
-Ya oigo cantar las sirenas
A la luna llena,
La luna de Olak¡
Por ahí! ¡Escuchad!
Ellas nos esperan
Con collares y pulseras
De blanco coral.
Y ya en la playa
Vieron con tristeza,
¡Una estrella errante!
¡Pídele un deseo!
Como un fiel amante
Lo hizo bien presto.
-llevadme a mi tierra
Donde el trigo mana,
Y la
saltas sierras
Siempre están nevadas.
Porque allí me espera
La mujer amada,
En torno a la hoguera
De trémulas llamas.
Suecia, cual Edén impar,
Con mujeres
de rubias melenas,
Con ojos que semejan a azucenas
-
Al
despertar la mañana
-
Cuando
hayamos descasado
-
Construiremos
una balsa
-
Que nos
llevará flotando.
-
-¡No
tenemos herramientas
-
Ni para
una humilde barca!
-En mi funda está el cuchillo
-y yo aún salvé mi hacha!
Cortaremos unas palmeras
Las que uniremos con cabos
Luego trenzaremos una vela
Parta darle consistencia
Al mástil y aspiraciones,
Uniremos por los emblemas
Nuestros anchos cinturones
Aunque la ropa se nos caiga
Y ateramos de frío,
Aunque la mar ya está en clama
Y sopla suave los alisios.
Y aquel puñado de hombre
Curtidos por la mar brava,
Vieron claro su horizonte
Cuando exhaustos de fatiga
Sin agua ni provisiones,
Quedaron a la deriva
Y rodeado de tiburones.
Pero tuvieron la suerte
La misma que antes negara,
De arrastrarles las corrientes
Hasta que los avistaran.
Desde un barco ballenero
Que con
carga regresaba.
Y al ver a estos marinero
Se les apiadó su alma.
Cuando estos se recobraron
Estaban por Groenlandia.
Habían dado un gran salto
Pero otro aún les faltaba,
Llegado ese momento
Ya nadie les esperaba.
Habían tomado por muertos
Y aquellas lindas mujeres
Que tanto echaban en falta,
Se secaron sus laureles
Al encontrarse casadas.
Pero la raza vikinga
Que es belicosa y huraña,
Cuando es grande la desdicha
Después aquellos valientes
Se desgarraron su entraña,
Para demostrar a su gente
Que sin amor, no son nada.
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