sábado, 5 de enero de 2019

Un canto a Luesia

Un canto a Luesia
 
 

Llegué un día cual peregrino


 A los parajes de Luesia

Todo pareció divino

y su cielo, una turquesa.

Sus mujeres eran guapas

y sus hombres bien cabales.

Nunca he encontrado en el mapa

Lugar para decir iguales.
 

Y es que es un lugar de embrujo

quedándome yo embrujado,

por eso hoy lo dibujo

como un lugar siempre amado.

Hondo el Pígalo del Arba,

alto el Puig Moné altivo,

y que bellas son las rayas

que luce Santo Domingo.

Y esa fuente que incansable

da de beber al viajero,

con un saludo agradable;

pero un adiós pasajero.
 

Porque el que acude una vez

más tarde o temprano vuelve,

para poder recorrer

sus sierras llenas de verde.

Poder contemplar el tejo

que está detrás de la fuente,

y los millares de hayedos

que en sus cumbres permanecen.

Para perderme en sus sombras,

para aprender de sus “Bruxos”

las leyendas misteriosas

que hacen grande a los ilusos.
 

Viendo después de volar

con la majestad del águila,

a un pueblo que sin gritar

lo escuchan ya desde el alba.
***

 

 

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