Llegué un día cual peregrino
A los parajes
de Luesia
Todo pareció divino
y su cielo, una turquesa.
Sus mujeres eran guapas
y sus hombres bien cabales.
Nunca he encontrado en el mapa
Y es que es un lugar de embrujo
quedándome yo embrujado,
por eso hoy lo dibujo
como un lugar siempre amado.
Hondo el Pígalo del Arba,
alto el Puig Moné altivo,
y que bellas son las rayas
que luce Santo Domingo.
Y esa fuente que incansable
da de beber al viajero,
con un saludo agradable;
Porque el que acude una vez
más tarde o temprano vuelve,
para poder recorrer
sus sierras llenas de verde.
Poder contemplar el tejo
que está detrás de la fuente,
y los millares de hayedos
que en sus cumbres permanecen.
Para perderme en sus sombras,
para aprender de sus “Bruxos”
las leyendas misteriosas
Viendo después de volar
con la majestad del águila,
a un pueblo que sin gritar
lo escuchan ya desde el alba.
***




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