Abuela, qué te duermes
No está dormida la abuela,
ni tampoco está cansada,
de ella se apagó la vela
que débil la iluminaba.
Un viento hay que nos acecha
dispuesto siempre a apagarla,
recogiendo la cosecha
que florece dentro del alma.
Seguro que ya se ha unido
con el ser que más amaba,
desde el cielo su marido
siempre estuvo esperándola.
No está dormida la abuela,
ni tampoco está cansada,
pues ha muerto muy tranquila
porque alguien supo escucharla.
* * *

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