lunes, 21 de enero de 2019

No hay que fiarse ni de una flor


No hay que fiarse

 

Él se llamaba  francisco

honrado y trabajador,

y hoy voy a contarles a ustedes

lo que un día le pasó.
 

Sentado estaba en su puerta

cuando se ocultaba el sol,

tomando un poco la fresca

después de un  día abrasador.
 

Cuando más tranquilo estaba

se le aproximó una flor,

que iba a casa de una amiga

para dar conversación.

 


Muy buenas noches Francisco

de buen grado saludó,

y Francisco notó entonces

que inflamaba el corazón.
 

Si puedo ayudarte en algo

dímelo y presto yo,

por agradar a una dama

soy capaz de ir a prisión.
 

La dama tras oír esto

de su fe se aprovecho,

y dijo que un maleante

siempre acechaba a traición.
 

Quiere obtenerme a la fuerza

por más que diga que no,

que no quiero ir con un hombre

que es vago de profesión.
 

Dime quien es ese hombre

te lo pido por favor,

para dar su merecido

por acosar a una flor.
 

 

Es aquel que está en la esquina

y que ahora mira al farol,

para hacer que sólo sigue

la sombra de una pasión.

 


Francisco se levantó entonces

y hasta aquel hombre llegó,

dándole dos puñaladas

en mitad  del  corazón.
 

¡Francisco!¡Pero qué has hecho!

¡Si has matado a mi amor!

¡Yo sólo quise dar celos

y ahora la vida el perdió!
 

Como en todo hay moraleja

aprende bien la lección,

no te fíes de una dama

aunque parezca una flor.
***

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario