Me llamo Manuel Guerrero
nací en tierra laboriosa,
y entre la bruma gloriosa
crecí como el sementero
en una estación lluviosa.
Tengo aspiraciones parcas
y tiento a la suerte a veces,
mas se escurre como peces
que transitan por las charcas
sufriendo duros reveses.
Desde el barbecho al fangal
Revuelto, lluvioso y frío,
es el cauce de mi río
al no tener capital
con el que cubrir mi hastío.
Mas le arrebaté al solano
las perlas de su aguacero,
que son cual puntas de acero
del latigazo inhumano
que sufre el pobre cordero.
Mis redes la eché un día;
pero con mal resultado
al ser noble y confiado
llenándose el alma mía
cual hondos surcos de arado.
Un banquero flamencote
de dorada dentadura
tras correr llegó a mi altura
llevándose todo el dote
a la misma sepultura.
Fue como un perro de presa
de ancha boca y bien dentada,
cayó cual ave en picada
incumpliendo su promesa
de no herirme con su espada.
Gran pensador de negocios
halcón en compras y ventas
bien pronto me echó las cuentas
como si fuéramos socios
de ganancias suculentas.
¡Qué dolor he contemplado!
¡Cuántas veces he llorado
con llantos de compasión!
Mas mi grito desgarrado
se llenó de indignación.
Porque llevé a la negrura
esa siniestra figura
de
hombre que hundido está,
por un sopor de incultura
y
el hambre que tiene ya.
* * *



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