viernes, 4 de enero de 2019

Cuarta carta para Mery

Cuarta carta a Mery

 

Hoy el día está ni fu, ni fa. Más bien tirando a mediocre, pese a que las tórtolas con sus arrullos amorosos me han despertado con los primeros rayos del amanecer. Por lo demás, todo sigue igual.

Parece como si permaneciera en una cueva oscura y fría, donde sólo algunos murciélagos parecen asustarse antes mis gritos de socorro.

La fuente de los sentimientos tiene menos caudal, y sus cristalinas aguas, no quitan la sed por más que beba. Parece que su hontanar pida también socorro y temo que en cualquier momento su fuente se convierta en sangre con cuatro chorros.
 

Cada chorro es una carta de las que al cielo envío y que el sol inflama con su ardiente poderío.

Yo en cambio, pierdo fuelle, y cada vez me siento con menos brío, para seguir escribiendo cartas al amor mío.

Quizá, ya nada tenga remedio, si algún lobo se puso de por medio.

Es extraño el sentir de un poeta, pues pese a sus continuas derrotas, de nuevo lo intenta. Sin más armas que su corazón y sus versos, cuando los adversarios cubren con yelmos y poseen largas y afiladas dagas.

No se puede luchar con tanta desventaja y las manos atadas a la espalda.

Sólo mis labios permanecen libres

y la voz que surge de mi garganta,

aunque la saliva se endurezca

y pueda hasta masticarla.

 

“Tu fiel admirado que nunca te olvida”

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