Juramentos
doy al cielo
Y a
la tierra donde estoy,
Porque
no hallo consuelo
Y en
él de bruces me doy.
Ahora
los guardias civiles
Pretenden
matar de hambre,
Cosa
que veo incomprensible
Mientras
mis brazos alcancen
Al
alimento disponible
Quieren
que saque una licencia
Para
cazar los domingos
Cuando
se abra la veda,
¿y
yo, mientras tanto, de qué vivo?
En
castigo y reprimenda
Me
han encerrado en la cárcel,
Y doscientas
cincuenta pesetas
El
juez me dice que pague.
A
lo que contesté muy serio
Y quede aquí esta anécdota:
“Que
es más fácil vaciar el mar
Con
la concha de una almeja,
Que
de mí pueda cobrar
Quien
sentó jurisprudencia.
Vacíos
tengo los bolsillos
De
billetes y monedas,
Por
lo que seré furtivo
Con
todas sus consecuencias.
Habré
de seguir cazando
Las
criaturas salvajes,
En
los bosques y peñascos
Mi
caza es de artesanía
De
oídos sordos y ciega,
Nada
escapa a tal porfía
Tanto
machos como hembras.
Todos
caen en mis trampas
Y lazos
de fino alambre,
Agarrados
por las patas
O por
la yugular sangrante.
De
su carne me alimento
Y con
sus pieles me abrigo,
También
tapizo mi lecho
Dicen
que soy de otro tiempo,
Más
allá del Paleolítico,
Que
con palos hago fuego,
Y con
sangre bebedizos.
Que
en noches de luna llena
Aúllo
cual lobo herido,
Y al
viento lanzo mis penas
Con
presagios destructivos.
Hoy
en mi entorno se ciernen
Asperezas
de leyenda,
Quizá
nadie me comprende
¡Porque
nadie oyó mis quejas!
Trabajo
nunca me dieron,
Mendigar
es execrable,
La
caza fue el clavo ardiendo
Donde
yo pude aferrarme.
¡Qué
no me digan ahora
Que
estoy aquí porque quiero!
¡Cuando
el mundo me devora
Y sólo
ofrece su cieno!
Mamé
de muy buena leche
Y mi
orgullo lo defiendo,
No
dejaré que maltrechen
Igual
que a un pordiosero.
Que
me den alternativas,
Si
no, que guarden silencio,
Y se
dejen de pamplinas,
Las
mismas que no comprendo.
No
me importan sus misivas,
Cruzados
tengo los dedos,
Para
que sus profecías
Se
revuelvan contra ellos.
Allá
cual con su conciencia,
Con
su doctrina o sus credos.
¡Qué
malo es tirar la piedra
Sin
antes mirar primero!
Soy
un hombre sin amigos,
De
amigo tengo a mi perro,
Que
obedece a lo que pido
Y me
defiende mordiendo.
Él
es mi fiel centinela
Cuando
por las noches duermo,
Mi
ángel son las estrellas
Que
visten el firmamento.
Mi
norte el radiante sol
Con
sus fugaces destellos,
Mi
musa con dulce voz
Me
susurra con el viento.
Me
besa en cálidos soplos
Con
sus fragancias de brezos,
De
las landas de Pinsoro,
Y de
Valdecarros de romero.
Driadas
de Las Bardenas
De
pino tenéis el cuerpo,
La
cara de diosas griegas
Chorros
de oro el cabello.
Vosotras
sois mi pasión
Con
vuestros favores cuento,
Porque
no guardáis rencor
Si
alguien un día ha de juzgar
De
lo malo o de lo bueno,
A mí
no me ha de importar
Ya
que de nada arrepiento.
Y
si es en el más allá,
Antes
las puertas del cielo,
Aceptaré
sin chistar
El
fallo del Dios Eterno.
***







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