lunes, 7 de enero de 2019

El cazador furtivo


El cazador furtivo
 

Juramentos doy al cielo

Y a la tierra donde estoy,

Porque no hallo consuelo

Y en él de bruces me doy.

Ahora los guardias civiles

Pretenden matar de hambre,

Cosa que veo incomprensible

Mientras mis brazos alcancen

Al alimento disponible

Que ofrece la tierra madre.
 

Quieren que saque una licencia

Para cazar los domingos

Cuando se abra la veda,

¿y yo, mientras tanto, de qué vivo?

En castigo y reprimenda

Me han encerrado en la cárcel,

Y doscientas cincuenta pesetas

El juez me dice que pague.

A lo que contesté muy serio

 Y quede aquí esta anécdota:

“Que es más fácil vaciar el mar

Con la concha de una almeja,

Que de mí pueda cobrar

Quien sentó jurisprudencia.

Vacíos tengo los bolsillos

De billetes y monedas,

Por lo que seré furtivo

Con todas sus consecuencias.

Habré de seguir cazando

Las criaturas salvajes,

En los bosques y peñascos

Que son de todos y nadie.
 

Mi caza es de artesanía

De oídos sordos y ciega,

Nada escapa a tal porfía

Tanto machos como hembras.

Todos caen en mis trampas

Y lazos de fino alambre,

Agarrados por las patas

O por la yugular sangrante.

De su carne me alimento

Y con sus pieles me abrigo,

También tapizo mi lecho

Y recubro mi cobijo.

 

Dicen que soy de otro tiempo,

Más allá del Paleolítico,

Que con palos hago fuego,

Y con sangre bebedizos.

Que en noches de luna llena

Aúllo cual lobo herido,

Y al viento lanzo mis penas

Con presagios destructivos.

Hoy en mi entorno se ciernen

Asperezas de leyenda,

Quizá nadie me comprende

¡Porque nadie oyó mis quejas!

Trabajo nunca me dieron,

Mendigar es execrable,

La caza fue el clavo ardiendo

Donde yo pude aferrarme.

¡Qué no me digan ahora

Que estoy aquí porque quiero!

¡Cuando el mundo me devora

Y sólo ofrece su cieno!

Mamé  de muy buena leche

Y mi orgullo lo defiendo,

No dejaré que maltrechen

Igual que a un pordiosero.

Que me den alternativas,

Si no, que guarden silencio,

Y se dejen de pamplinas,

Las mismas que no comprendo.

No me importan sus misivas,

Cruzados tengo los dedos,

Para que sus profecías

Se revuelvan contra ellos.

Allá cual con su conciencia,

Con su doctrina o sus credos.

¡Qué malo es tirar la piedra

Sin antes mirar primero!

Soy un hombre sin amigos,

De amigo tengo a mi perro,

Que obedece  a lo que pido

Y me defiende mordiendo.

Él es mi fiel centinela

Cuando por las noches duermo,

Mi ángel son las estrellas

Que visten el firmamento.

Mi norte el radiante sol

Con sus fugaces destellos,

Mi musa con dulce voz

Me susurra con el viento.

Me besa en cálidos soplos

Con sus fragancias de brezos,

De las landas de Pinsoro,

Y de Valdecarros de romero.

Driadas de Las Bardenas

De pino tenéis el cuerpo,

La cara de diosas griegas

Chorros de oro el cabello.

Vosotras sois mi pasión

Con vuestros favores cuento,

Porque no guardáis rencor

A este furtivo ya viejo.
 

Si alguien un día ha de juzgar

De lo malo o de lo bueno,

A mí no me ha de importar

Ya que de nada arrepiento.

Y si es en el más allá,

Antes las puertas del cielo,

Aceptaré sin chistar

El fallo del Dios Eterno.

***

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