La tierra madre de la vida padre
-¿Dónde vamos de merienda
A Boalares o a Bolaso?
-Hoy nos vamos a otras tierras
A respirar aire sano.
Hoy iremos a El Frago,
A las riberas del Arba,
Para beber allí un trago
Al llegar al sitio
Fijado de antemano,
Dejé mi vehículo
A la sombra de un álamo.
Y mi hijo asombrado,
Preguntó: ¿Qué es eso?
Un pueblo encantado
A éste le contesto.
Portal de Belén
En espigada cima,
Torre de Babel
Capricho curioso
Que el hombre atrevido,
Construyó glorioso
Hace muchos siglos.
Escarpado fortín
En roca caliza,
Para resistir
A la invasión morisca.
Suspendido en el aire
los días de bruma,
Parece una nave
Envuelta en espuma.
-¡Ah, si yo tuviera
La sana fortuna
De ver la bandera
De la media luna!
-Ondeando en su torre
No se ve ninguna,
Las guerras de entonces
Enterró una a una.
-¿Cómo son sus calles?
-Son muy retorcidas,
Sus casas colgantes
Forman una piña.
Y los fragolinos,
Incluyendo al cura,
Son como un racimo
De granos de uva.
Su tierra está yerma
Por falta de arados,
Donde las ovejas
Pisotean sus pastos.
Sus días de ensueño
Ya se han disipado,
Ahora es un pueblo
Medio abandonado.
Se fueron al llano,
Dejaron la altura,
Y cayeron tan bajo
Como la sepultura.
-Déjame subir allí,
Para veros como hormigas
Que habré yo de bendecir
-Desde lo alto de la torre
Era sólo un punto negro,
Alzó los brazos y entonces
Pareció tocar el cielo.
Y al bajar le pregunté.
¡Qué sentiste allá arriba?
-Paz y un inmenso placer
Rodeado de golondrinas.
Soy el más feliz del mundo
Dijo susurrando al viento,
El del Poder Absoluto
Ha hecho realidad un sueño.
Ver desde otra perspectiva
El mundo que nos movemos,
Con aspas de rencor giran
Como molinos de viento.
Cadenas de crueldades
Arrastran sufrimientos,
Azotes de tempestades
De podredumbre y de cieno.
¿Serán los hombres capaces
De hacer detener el tiempo
Para enmendar los errores
Que ya son errores viejos,
Y así evitar la hecatombe
Propia ésta del infierno?
-Y además de todo eso,
Cuéntame que más veías
Para aprender el ejemplo.
-¡Tierra padre, y vida!
-Habré de seguir tus pasos
Y tus sueños sin malicia,
Porque no hay nada más vano
Que los hombres de codicia.
***




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