Segundo canto bajo el crepúsculo
Esos parajes de lentiscos y romeros,
señuelos de amores imposibles,
como azucenas de nieve y púrpura,
son mágicas imaginaciones que zumban
como dorados insectos en la azulada atmósfera del destino
La luna empieza con lentitud a desmayarse
tras los montes lejanos de la indiferencia,
jugueteando con los ribazos del misterio,
y espiando con languidez invencible
al céfiro, dejándose caer sobre las frondas de la alameda,
la cual, se embriaga con el haz de violetas
remansado en las estrellas del firmamento
con una sobrenatural alucinación.
La luna empieza con lentitud a desmayarse
tras los montes lejanos de la indiferencia,
jugueteando con los ribazos del misterio,
y espiando con languidez invencible
al céfiro, dejándose caer sobre las frondas de la alameda,
la cual, se embriaga con el haz de violetas
remansado en las estrellas del firmamento
con una sobrenatural alucinación.
***
***


No hay comentarios:
Publicar un comentario