A tientas voy por el recuerdo
de una noche emplumada,
cual mariposa hundida en el abismo,
desperezando el bosque con el bullir de sus danzas
donde arrogantes centauros
pisotearon el crisol de la aurora.
Cegado por tenues destellos de luciérnagas
quizá convierta en esfinge
para después consumirme
en el cataclismo del DÍA INTENSO.
Pálidos cuerpos hoy pregonan
la desnudez del vidrio de mis ojos;
pero el mirlo aún gorjea en la ladera de tréboles
donde dilapidaron sus pétalos.
Herrumbroso rocío de sueños
son arponeados por la piel cálida
de la cúpula virulenta del cielo.
Adivino sus ojos tenebrosos
y sojuzgo sus destellos desnudos
que serpean la ramificada coraza
de los miserables sarmientos del sol.
* * *



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