sábado, 5 de enero de 2019

Lejos de los imperios del amor "Prosa poética"





LEJOS DE LOS IMPERIOS DEL AMOR

H
e navegado errante por las riberas de tu apacible océano, donde sólo el murmullo etéreo de tus ninfas rompían el silencio melifluo de los poetas.
Cuando llegó el crepúsculo con el yerto frío de las tempestades, invoqué a miles de beldades empíricas para contrarrestar la belleza casta que amaba. Cuyos brazos perfumados de madreselvas, se erguían en el altar sagrado de la voluptuosidad. La lágrima azul del orgullo, descendía entonces hasta el imperio de las sombras con el alma llagada de secretos. Muchas veces la angustia se acuñaba en mi frente, pues las penas, macizas como jaspeados mármoles no eran capaces de hallar el consuelo de un amigo, llegando a ser parásito de mi corazón, sin lograr endulzar los infinito amargores de mi alma.
 
En tu ausencia, era observado por los ojos azules de las nubes, y sus amoratadas cabelleras, seducían a los silbos del globo, capaces de estrujar con un soplo mi altivo bajel, yendo a naufragar siempre a islas de oprobio, infestadas por doquier de espinos silvestres. Cuando soplaba el viento de la violencia palidecía como una flor guillotinada a la altura de la corola, mientras ríos de lágrimas candentes surcaban mi rostro.
 
Malviviendo en tu ausencia, en un infierno en  el que florecían las ruinas de  mi pasado esplendor, era  la burla de la juventud que se consumía en los placeres del amor. Es verdad que la perezosa colina de la vida, amamanta los romances populares coronados por el laurel de la victoria, y que el fuego mortífero se embriaga con las ofrendas de tanta sangre. Los  ajironados estandartes de mi amor ondean bajo un cielo sin estrellas. Y  los buitres descienden a devorar los cadáveres de los ensueños, donde quedaban reducidos a cenizas.
 
Un corcel peregrino, fertiliza los recuerdos y tus palabras afables, empeñándome en resistir al destino, donde los obstáculos fracasarán y prosperará la virtud hasta el fin.
La luna dirige sus ojos a las pirámides de hogueras que centellean como brazos armados de mujer. En estas lejanas riberas donde se respira el céfiro y enmudecen las cavernas de la esperanza.
La sangre de la gloria bulle en nuestro amor y el  incienso alborea en la cuna de tu linaje.
Los dardos del amor guardan silencio, mientras  una lluvia de espadas se desploman sobre las campiñas enamoradas, donde el delirio y la pasión agrandan los orbes de este mundo.
 
Tal vez, un baile de bulliciosa alegría, permita evocar unos versos improvisados, para huir lejos del enojo que origina la pesadumbre sombría; Pues estoy desterrado de tu sombra, víctima del mayor de los infortunios, intento descorrer los visillos que ocultan mi corazón. ¡Quiera Dios que pronto reciba tu cordial acogida! Y tu hontanar  refresque el incendio de mis lágrimas.
 
En esta ribera dorada se desperezan los corazones generosos. Es en esta apacible orilla solitaria donde los débiles juncos se inclinan al paso de las orgullosas legiones del viento.  Mientras la pensativa aurora, hermosea el horizonte inyectando sus fulgores en los sombríos valles. Recordando con meditación silenciosa, el amor que huyó de nosotros despojados ya de la rémora insensible de la juventud.


 
Asomados a los abismos sombríos, despojados de los variados tesoros que  pacían libremente en los imperios del amor.
Cantos de sirenas, se oyen en estos lugares de estío pasada la tardía hora crepuscular. Y en la habitación de mi palacio interior se adivina la complacencia hospitalaria, mientras la brisa del sur, horquilléa el oleaje de las costumbres, iluminando toda  la orilla.
La mano del tiempo socava el antiguo polvo de la gloria, y el crisol del recuerdo ilumina respetuosamente todas las sombras de la vejez.



 
Las olas se desesperan a mi alrededor, saltando fogosamente sobre mi proa, hallando las huellas de mis pensamientos, formando un círculo de olvido marchito.
La furia del huracán arrastra la estéril arena. A los abismos retirados del alma; Pero aún me quedan fuerzas para alimentarme de los frutos amargos de mi destino, que busca refugio en el torbellino de la ambición. Regiones luminosas que golpean mi borrascoso pecho con sus altivas alas de águila.
El céfiro silvestre proclama la gloria y mis insomnios escalan el trono de mis pasiones. Y una vez conquistado dicho premio, las almenas majestuosas del amor rodarán cual movedizo cristal, para estar mi corazón junto al tuyo.

 
Vislumbro la explosión de tu mirada cuyos beneficios son eternos, alcanzando el santuario de la virtud en los vaporosos colores del mediodía, donde nació el refulgente rayo de tu formación. Y donde el más atrevido navío, jamás ha llegado a fondear en la vasija azulada de tu océano, donde fermentan los tórridos mostos del amor.
 
¡Cuan sublime resulta la idea de abrazar esa luz y ese follaje del ser amado que lo conserva!¡Qué maravilloso es entregarse a esos ricos placeres inflamando por las exhalaciones de amores celestes!
Si todos estos truenos que surgen de la procelosa tormenta de mi alma fueran las palabras emanadas del corazón.



 
¡Qué hermosas serían estas orillas, y que deliciosas serían estas riberas! Donde se sedimentan todos los lodos de un mundo pérfido y terrible, poblado de animada soledad y extravagantes deseos.
Ahora, quizá  inspirado por la sabiduría de la espuma, desde las llanuras del mar todo parece el manantial eterno. Y ya nunca he de apartarme de tu lado por más que me encuentre rodeado de cien islas solitarias.

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