lunes, 28 de enero de 2019

El gigante extremeño "Gigante"


EN LA ÉPOCA DE LA SIEGA

"Gigante"

 


A

quella primavera había sido lluviosa, lo cual había favorecido que granasen las mieses y la cosecha se presentaba  fabulosa. Los hombres sin tierras y sin trabajo esperaban entusiasmados el momento de la siega. Quizá no fuesen más que treinta días; pero estirando un poco el jornal posiblemente les diese para pan hasta llegar el  invierno, con la recogida de la aceituna. El problema es que eran muchos los hombres sin tierra, y muy pocos los que las poseían. Por eso, los terratenientes se podían permitir el lujo de concentrar a todos los hombres en la plaza  del pueblo y elegir a dedo aquellos a los que iban a tener la fortuna de ganarse un jornal dignamente. O bien te elegían tras conocer tus dotes como trabajador, según lo demostrado el año anterior, o bien porque algunos de ellos habían incluso ofrecido los servicios de sus jóvenes hijas como doncellas en sus casas, exponiéndose con ello a los caprichos carnales de los ricos terratenientes. Aún así, serían muchos los hombres que no podrían ir a trabajar, haciendo que sus vidas, se llenasen de frustración,  brotando las semillas del rencor y que aflorarían años más tarde con la guerra civil. ”La tierra para quienes la trabajan” y no convertirlas en cotos privados de caza para que se  entretuvieran los señoritos.

Dicho esto, había pues que ser muy competitivo  en el trabajo. Trabajar a destajo aunque se cobrase a jornal, y curtirte bien ante las adversidades. Superada esta prueba de fuego, ya te podías ir por el mundo, porque en cualquier parte  de él, seguro que triunfarías o destacarías.

Venancio ya había superado todas estas pruebas; pero a diferencia de muchos otros que hastiados de dicha situación  años más tarde les llevarían a lugares lejanos como Alemania, Suiza, Francia, o incluso a Australia, donde décadas más tarde muchos  lograron hacer fortuna y parte de esas fortunas fueron especialmente dirigidas a comprar parte de las fincas de los grandes terratenientes. Pues cuando aquella mano de obra barata y productiva desapareció, curiosamente les llegó el declive,  y las fincas se hicieron insostenibles. Venancio se quedó en España, recalando en Santa Coloma del Gra Manet. Buscaban obreros y él buscaba trabajo, de modo que gracias a esa conjunción se presentó en la obra, y una vez admitido el encargado, le mandó a una especie de descampado donde llevarían idea de realizar  viviendas y le ordenó que fuese limpiando toda la enrona y materiales diversos que  se encontraban diseminados por la zona, para lo cual se le dispuso de un carretillo, una pala y una azada.

Al día siguiente Venancio fue hasta la oficina para preguntarle al encargado que qué es lo que hacía ese día. El encargado le dijo: Váyase usted donde ayer y siga limpiando.

-Es que lo que me mandó hacer ayer, ya lo terminé.

El encargado con cara de asombro e incredulidad  dijo: -¿Como vas a terminar tú sólo todo aquello?

-Pues acérquese y lo compruebe.

El encargado se levantó de la mesa, y aceleró sus pasos para comprobar si había limpiado todo y bien.  Y al llegar al descampado su sorpresa fue mayúscula.

-¡Pero bueno…!Si no lo veo no me lo creo! ¿usted de donde ha salido? Si aquí había trabajo para diez personas durante al menos  seis días.

- De Extremadura.

-¡Ya me parecía a mí…, extremeño tenías que ser! Menudo aguante tenéis los extremeños. Ya tenía yo ciertas nociones de ellos; pero esto…, esto supera a todo lo que me habían contado.

El encargado lo mandó a hacer otra cosa y al rato llegó un hombre bien vestido y aseado a donde Venancio estaba. Era el jefe.

-Buenos días buen hombre, ¿es usted el extremeño?

Pues sí.-contestó.

-Ya he visto la labor que realizó usted ayer. Por aquí nos estamos habituados a tales proezas. ¿Tiene usted algún hijo en edad de trabajar?

-El hijo mayor tiene catorce años.-contestó.

-Pues si como dicen que de tal palo sale tal astilla, tráigalo para aquí, que aunque sea lo colocaremos como pinche y para hacer recados.

-Ah pues muchas gracias. Lo traeré, pues allí en el pueblo no hay trabajo ni para los hombres.

-Amigo, ya le anticipo yo, que aquí con nosotros, tendrá  trabajo mientras usted quiera.

Ni que decir tiene que en los sucesivos trabajos que en su vida se le presentaron, en todos dejó la huella imborrable de un gigante, “de un gigante extremeño.”

  

 

 

 

 

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