CADENCIA EXTREMEÑA
Desde mi exilio interior sufro.
Sufro por la sangre abrasada de mi tierra,
extrema y dura.
Sufro por estar lejos de sus pueblos,
que, encalados, flamean bajo el sol deslumbrante.
Sufro por estar privado del placer que supone
el contemplar sus jarales floridos,
sus dehesas azules,
sus tierras de barros inmortales,
los esplendorosos trigos de La Serena ,
y el horizonte inmenso de sus encinas añosas.
Pues estoy aquí, acuñado por un cierzo baturro
en salobres tierras forasteras,
donde la arenosa primavera monegrina
en medio de pueblos polvorientos
deshoja la esperanza
de volver a mi tierra preñada de semillas y follajes,
de donde tuve que emigrar
por culpa de caciques de ojos azules,
donde la azada con el astil doblado por el tesón
En la armonía del aire,
se expandían los trinos de los vencejos,
los cálidos arrullos de las tórtolas,
y los cantos monótonos de las cigarras
con los primeros albores de la aurora.
Extremadura :
esta palabra resuena en mis tímpanos,
y la extiendo con el céfiro de la tarde
donde quiera que vaya,
Aunque otros te cuarteen con manos grasientas
y esparzan tu polen,
tus fragancias y tu rocío,
y arranquen tus alas
para extirpar tus vuelos conquistadores.
Soy amante de mi tierra y mi pueblo,
refrescado por el Guadiana,
aunque regado con el perlado sudor del labriego,
mas mi orgullo asoma y llama
en cada aldaba de los cortijos,
y mira por cada rendija u ojo de cerradura,
como si naciera por cada valle,
por cada dehesa,
en cada ribazo pacense,
donde las huellas oscuras
de la aurora olvidada,
transitan en los abismos harapientos
de un amor poderoso
Vivo con la infinita angustia de estar lejos,
nos separan bosques y ríos,
angostos caminos,
y racimos de pueblos
que cantan con labios desbordados
joticas a la Virgen.
Pero la húmeda fragancia de las encinas,
levanta mi pluma con imperiosa autonomía,
llenando mi ser
con las sustancias y pedrerías de tu boca,
tras someterme al embravecido escalofrío
que atraviesan mis ovarios
Los hombres extremeños
despiertan ya de su letargo oceánico,
y trituran las encendidas guirnaldas de su herencia
provenientes de sus húmedos dominios,
donde los brazos de Cortés y de Pizarro,
fueron los dioses pequeños de mi tierra
dentro de la roja primavera humana,
con la prolífica armadura de la aurora,
la cual, daba esa energía solitaria
y cuyos rasgos guerreros
yacen ahora en las pirámides del Machu - Pichu,
y en los templos de Tena yuca,
El mediodía transparente
transporta el naufragio
de aquellos valientes corazones extremeños
que conquistaron nuevos continentes
con sus largos puñales
para grandeza de reyes desmedidos
Así, encadenaron con sus aceros
las vértebras andinas,
rompiendo los salobres fantasmas
de sus pétreos monumentos,
sembrando de barrotes carnívoros
los azahares de seda,
y pisoteando con sus indómitos corceles
los maizales de oro.
Más de una pobre vida se hundió
en las aguas mortuorias
de los padres de los ríos,
el Amazonas y Orinoco,
donde lacerados galeones
yacen en su lecho,
carcomidos ya por las espumas viscerales,
compartiendo banquete
con las algas y pólipos
a las pirañas y caimanes,
destrozando la vida de los ensueños,
amarrando a su lecho
la cariátide desdentada
de una tierra barnizada hebra a hebra,
curtida por el frío y el flamígero sol
de garañones rayos,
Así es mi Extremadura,
tierra de navajos conquistadores
y esta mi cadencia extremeña
que elevo como un himno al sol,
al sol de mi añorada tierra
con las palabras propias del buen extremeño:
jigo, jacha y jiguera.
* * *








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