EL RELOJ DE LA INOCENCIA
Muchos años después de mi primera juventud
escudriño en los rincones del cielo
cubiertos ya de telarañas.
Los años se vengan de mi cansancio
y las dulces hijas de Eva,
sombrías por el bullir erecto de los pájaros,
gritan desterradas en la oscuridad de su amor.
Los sueños embotellados
bajo la tormenta de su pecho,
se hunden en la hierba lacrada
con las venas del abismo.
Enebro los sueños infantiles
oxidando los secretos del alma,
inflamada esta, por las mil puntas
Bienaventurados vientos se desatan
sobre las ruinas de mi pecho antiguo,
que, como ondas devoradas
por las profundidades
del yermo de las islas,
se agita como la dorada campana
Las flores de la nostalgia
se precipitan sobre los prados rojizos
del paraíso abisal,
donde una gota del alma
arriba en la utopía que precede al llanto.
Luz lejana que incuba las caracolas del ensueño
y la sal fría de la luna
Los cristales ignotos de la tormenta
persiguen a los demonios del mundo,
ahuyentado la sed de la conciencia.
Con su ígnea palidez
las arenas movedizas de la melancolía
se extravían en el valle de las nubes,
imperturbadas por el recuerdo amarillo
El órgano de las borrascas
circunda por los mares del estío,
y el furor del trueno deslumbrante
cruje en el alba azul de la gloria,
donde sólo hay lamentos y amenazas.
¡Despiadada luz!
Abrasando el firmamento de mi alma
acuñada de hierro y fuego,
donde sus dorados iconos
clemencia y socorro piden.
Primavera de tinieblas
consumen ya la zarza
para alcanzar el fulgor de nieve
de los fríos manantiales,
arrojando la máscara
a las holladas simas del silencio,
donde gorjearon los primeros pinzones de la gloria
engarfiados a las pedrerías del cielo.
Con su pureza tangible
asaetea el reloj de la inocencia,
delgada cuerda de la noche
donde se mecen los designios del mundo.
* * *






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