sábado, 5 de enero de 2019

El reloj de la inocencia

EL RELOJ DE LA INOCENCIA

 

 

Muchos años después de mi primera juventud

escudriño en los rincones del cielo

cubiertos ya de telarañas.

Los años se vengan de mi cansancio

y las dulces hijas de Eva,

sombrías por el bullir erecto de los pájaros,

gritan desterradas en la oscuridad de su amor.

Los sueños embotellados

bajo la tormenta de su pecho,

se hunden en la hierba lacrada

con las venas del  abismo.

Enebro los sueños infantiles

oxidando los secretos del alma,

inflamada esta, por las mil puntas

aguzadas de los rosales de la vida.
 

Bienaventurados vientos se desatan

sobre las ruinas de mi pecho antiguo,

que, como ondas devoradas

por las profundidades

del yermo de las islas,

se agita como la dorada campana

del mediodía en el glaveo cielo.
 

Las flores de la nostalgia

se precipitan sobre los prados rojizos

del paraíso abisal,

donde una gota del alma

arriba en la utopía que precede al llanto.

Luz lejana que incuba las caracolas del ensueño

y la sal fría de la luna

brilla en las axilas del crepúsculo.
 

Los cristales ignotos de la tormenta

persiguen a los demonios del mundo,

ahuyentado la sed de la conciencia.

Con su ígnea palidez

las arenas movedizas de la melancolía

se extravían en el valle de las nubes,

imperturbadas por el recuerdo amarillo

cual pertinaz escarcha del remordimiento.
 

El órgano de las borrascas

circunda por los mares del estío,

y el furor del trueno deslumbrante

cruje en el alba azul de la gloria,

donde sólo hay lamentos y amenazas.

¡Despiadada luz!

!Me has engañado con tu inocente candil!
 

Abrasando el firmamento de mi alma

acuñada de hierro y fuego,

donde sus dorados iconos

clemencia y socorro piden.

Primavera de tinieblas

consumen ya la zarza

para alcanzar el fulgor de nieve

de los fríos manantiales,

arrojando la máscara

a las holladas simas del silencio,

donde gorjearon los primeros pinzones de la gloria

engarfiados a las pedrerías del cielo.

Con su pureza tangible

asaetea el reloj de la inocencia,

delgada cuerda de la noche

donde se mecen los designios del mundo.

* * *

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