Cuarto canto bajo el crepúsculo
Ágil como un lebrel,
el relámpago de la melancolía,
engarza sus diamantes,
engarza sus diamantes,
mientras mi corazón aburujado
asoma con semblante atezado,
respirando de la sonora fuente del placer
la cual atesora ojos de mujer con brillo fosfórico.
Amor mortal, capaz de premiar el cariño
del más añil de los añiles,
amores rosas del alba,
fecundados con los dardos arrojados
desde el lujoso arco del deseo.


No hay comentarios:
Publicar un comentario