jueves, 17 de enero de 2019

La piedra en el zapato "Gigantes""


LA PIEDRA EN EL ZAPATO
"Gigantes"

 

E

n aquellos tiempos, antes de la Guerra Civil Española,  la vida era dura. Y en el ámbito  laboral catastrófico. Había que agarrarse a lo que fuera, y aquel que tenía el privilegio de caerle bien a un terrateniente, pues podría ser que le tuviera ocupado gran parte del año en sus fincas. No había maquinaria agrícola, y todas las labores del campo se hacían con  mulas  o azadas. Y  cuando llegaba la época de la cosecha se segaba  con hoz. Este es el caso de Toribio, un mocetón fuerte y habituado a la labranza con una yunta de mulas. Se levantaba al amanecer y trabajaba hasta oscurecer. No había contratos de horas pactadas para trabajar. Las horas de trabajo las marcaba el sol. De ahí el dicho de que se trabajaba de sol a sol.

Un buen día preparó la yunta de mulas y se dispuso a labrar la tierra, para prepararla para la siembra, con el arado mono surco. Hacía tres días que había llovido, por lo que la tierra se encontraba a tempero, hecho éste que facilitaría su labor; Pero a mitad de mañana, sintió algunas molestias en su pie derecho, algo le estorbaba e incluso molestaba, movía los dedos de los pies mientras faenaba, y en según que posición, no le molestaba tanto, de modo que cuando sentía molestias, volvía a  mover los dedos, hasta hacerlo más llevadero. Ya en el crepúsculo decidió dar por concluida su jornada y se fue hasta el cortijo, para guardar las mulas en los establos. El pesebre estaba vacío, por lo que decidió acercarse hasta el granero para coger unos cubos de avena y cebada, momento éste en que fue advertido por el terrateniente que cojeaba ostensiblemente del pie derecho. De modo que se acercó para interesarse de si había tenido algún percance.

-¿Qué te pasa Toribio? Pues  parece que cojeas.

-No sé…, esta mañana he sentido como si se me metiese algo dentro del zapato, y por no parar a ver que era,  aún debo de llevarlo.

-A ver hombre, descálzate.- le indicó.

Toribio se quitó el zapato delante de él, y el terrateniente observó que hasta en el calcetín llevaba restos de sangre.

- Fíjese don José…, se me había metido esta piedrecita, ¡me cago en la mar…,  pues no me ha hecho hasta sangre!

-Bueno Toribio, pues mañana  no vengas a trabajar. Estás despedido.

Toribio se quedó extrañado ante tal determinación, pues él consideraba que era toda una hombría la que había realizado de la cual incluso creía que le iba a alabar.

-¿Por qué me despide usted don José?

-Porque si para ti eres así, ¿con las mulas como serás? Igual no les das ni agua para beber para que no descansen. De modo que no me quiero arriesgar más contigo, ante el temor de que algún día me las  puedas reventar.

(Desde que mi padre me contó esta historia, cada vez que se me mete algo en el zapato por pequeño que sea, me paro, y  esté donde esté, me descalzo para quitármelo)

 

 

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