Los
Reyes Magos
Creíase
a pies juntillas
Un niño
pobre, no malo,
Que desde
Oriente venían
En camellos
los Tres Magos.
Que en
sus repletas carrozas
Traían todos
los regalos,
Y de
forma generosa
Muchas
cartas escribía
Que a
las estrellas mandaba,
Más nunca
le respondían
Aunque paciente
esperaba.
Pero un
buen día en su pueblo
Cuando la
nieve cuajaba,
Vio a
tres Reyes, uno negro,
Les
echaban caramelos,
Confetis
y serpentinas,
Y al
que subía dos besos
Y un
regalo de propina.
¡Qué
buenos son estos Reyes!
En voz
baja se decía,
Que dan
todo lo que tienen
Enarbolando
alegría.
Me presentaré
ante el negro
Y le
pediré mi regalo
Que hace
tanto tiempo espero.
Mientras
el pobre subía
Ayudado
por los pajes,
Los niños
necios reían
¡Ya veréis
ya cuando baje!
Buscó
su nombre en la lista
Y vio
que en ella no estaba,
Y se le
nubló la vista
Por dos
hilillos de lágrimas.
Lo estrechó
fuerte en sus brazos
Al tiempo
que le explicaba
Que su
añorado regalo
Por el
espacio vagaba.
Entonces
al ver al pobre
Triste y
apesadumbrado
Dijo:
tan sólo soy un hombre
Al que
bien han disfrazado.
Lamento
no poder darte
Lo que
con gusto daría;
Pero milagros nadie hace
Y aquella
cara risueña
Que poco
antes mostraba,
Acuñada
estaba en pena
Al ver
que de él se burlaban.
Se
acabó la cabalgata
Y tras ella
su ilusión,
Truncada
por la carátula
De la
mezquina ambición.
Mas el
falso Baltasar
Una vez
que llegó a casa,
Empezó a
reflexionar
Y pronunció
estas palabras:
“Desde
ya mismo reniego
Y avergüenzo
del humano,
Porque
el hombre es lobo fiero
Incluso
con sus hermanos.”
***





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