LAS VÉRTEBRAS DE
CADA AMANECER
Locuaces vuelan
los suspiros de la ciencia
en sentencias
erizadas de ñoñez.
Compasión del humo
demasiado humano
enmascarada de
corazones rotos.
Prodigiosa
tribulación
en la
indescriptible felicidad del alma,
que empuja
constantemente al sol
de privilegios
propios,
a la semilla
grosera aristocrática,
cual sonda
insaciable
de melancolía
profunda.
Estamos dentro de
una época ruidosa
que alarga su mano
para estrangular
el aura
espiritual.
La sierpe de
dejadez inmensa
se inflama como el
crótalo
en su razón
asnada,
sustentando
nuestros bajos fondos
con su mirada de
granuja.
El hombre de
gruñidos cavernícolas,
y el filósofo que
quisiera domarse al sufrimiento
son empujados por
una carcajada famélica
que orea en la
quebradiza esperanza
del diabólico
espíritu.
Él, restalla su
látigo amarillo
en el insondable
abismo azul,
donde se descarnan
las vértebras
de cada nuevo
amanecer.
***

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