LA AMAPOLA
Qué sola está la amapola
Con su vestido rubí,
mas tú nunca estarás sola
siempre has de tenerme a a mí.
Podré descorrer el velo
de tus labios carmesí,
hasta llegar a tu cielo
que es donde te descubrí.
¡Qué agradables tus recuerdos!
¡qué ingrávido es estar así!
he dejado de estar cuerdo
por sólo pensar en ti.
Y loco por la impotencia
de no ver tu Potosí,
sienta hoy jurisprudencia
tu bella flor de alelí.
He de saludar al día
y a la noche recibir,
el amor como porfía
al compás de mi latir.
Siendo tu amor un tesoro
nadie tachará de vil,
pues bramaré como un toro
cuando sale del toril.
***

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