El alcaudón
¡Ay,.. ay... ay...!
¡Ay... ay... ay...!
Me alegraba en el invierno
cuando todo parece morir,
viendo acudir dos jilgueros
a visitar mi jardín.
Hasta alpiste rociaba
con tal de verlos plañir,
y de alegría rebosaba
al verlos a ellos feliz.
Pero un día un alcaudón
de curvo pico de acero,
contra uno se lanzó
descuartizando al jilguero
que en un espino insertó.
Allí quedó aquel jilguero
con sus brillantes plumas
pudriéndose bajo el sol,
un horrible carnicero
de garras y pico fiero
de su alegría se vengó.
Ya no viene ningún jilguero
ni mujer mi jardín.
Es un jardín traicionero,
pues al igual que al jilguero,
con tu amor me pasó a mí.
¡Ay...ay...ay...!
¡Ay...ay...ay...!
Y descuartizado estoy
pudriéndome bajo el sol,
desde el fatídico día
que me negaste tu amor.
Enloqueciéndome estoy,
y no por el alcaudón,
sino por la aguada espina
que llevo en el corazón.
¡Ay...ay...ay...!
¡Ay...ay...ay...!
Ahora busco a otra mujer
para que alivie el dolor,
y no pague con espinas
cuando yo le daba amor.
¡Ay...ay...ay...!
¡Ay...ay...ay...!
***
***




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