jueves, 3 de enero de 2019

A golpe de foosfórica luciernaga

A golpe de fosfórica luciérnaga

 

 


Desnudo como el sol saboreé la muerte.

Vertí mi sangre en la enlutada amapola de la vida

con hedor ésta a cadáveres insepultos

en la nebulosa de su isla de oprobio.   

Arañé los surcos de la tierra

destilando su rocío de placer

con la que el perverso sol se sustentó

en la nítida ingravidez de los cielos.
 

Siento oxidado el vendaval púrpura

en la calamitosa impronta

de un destino que se resiste

a navegar por el proceloso mar de la vida.

Mi corazón está solitario

bajo la sombra de un cielo boquiabierto

que me absorbe con su mirada tenaz.

 

Allí, en la íntima pasarela,

al borde de un abismo que se precipita,

permanece lúgubre el lívido resplandor

de mi nebulosa de terciopelo gris,

elevando su éxtasis al fuego negro de mi corazón.

* * * 




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