Dos poemas
para un único amor
Lleno estaba de dolores
tras sufrir la operación,
sin poder ver los fulgores
de la más preciosa flor.
Y así un día tras otro
postrado en mi habitación,
solamente acompañado
por los destellos del sol.
Mas el día que caminé
y vi del brazo de tu abuela,
ni siquiera saludé
pues vi virgen verdadera.
Pensé que no eras para mí,
demasiada belleza para tan fea fiera,
por eso me sorprendí
que quien me llamo tú fueras.
Y cuando a mí te acercaste
preguntando a dónde vas,
te dije que iba a mi casa
para poder descansar.
Tú me acompañaste
y fue tal mi felicidad,
que el gozo de aquel instante
nunca lo podré olvidar.
Y cuando te pregunté
si querías ser mi fiel compañera,
con aquel sí yo volé
más allá de las estrellas.


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