viernes, 4 de enero de 2019

La estrella del sur


 
 
1

 

Si la estrella con más fulgor

bajara de su pedestal del cielo,

una parte de su galaxia apagaría;

pero mi corazón alumbraría

simplemente con decir que accedo.
 

Que accedo a ser tu fuente espiritual

mis sentimientos profundos y sinceros

sería el cristalino caudal

por el que navegaría mi velero.


 
 

Con las velas insufladas de versos

hasta llegar al misterioso océano

que oculto llevo en mi cerebro.
 

Serías mi estrella del Sur

la estrella del enamorado,

por la que seguía en la oscuridad

sin temor a naufragar

porque estarías a mi lado.
 

 

¿A dónde quieres viajar

cogida fuerte a mi mano?

¿Hasta un remanso de paz

donde no llegó el humano?
 

Pues ven. Sígueme.

Con placer te llevaré

a ese cálido lugar

donde  forjan los sueños soberanos.

2

 


 
 

Ya estamos navegando,

vamos en dirección correcta,

las luminarias de Orión y Casiopea

con sus destellos demuestran.
 

Cada ola que choca en nuestra proa

son versos que acrecientan el poema,

y une con suave lazo azul

a una diosa y a un poeta.

 


Este poema de amor

jamás antes se había escrito,

de mi corazón surgió

a lo etéreo, a lo vendito.

 

Quizá se estanque en el ocaso

o será nube que el viento arrastra,

llegando a un lugar lejano

donde recibirán con alabanzas.
 

De momento, navegamos por un mar

donde a coro cantan las sirenas,

y todas las conjugaciones de amar

se engarzan en este poema.

 

Yo te amo, tú me amas,

los dos nos amamos…

¿Qué más podemos pedir?

Quizá sólo otro poema

para poder compartir.



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