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Si la estrella con más fulgor
bajara de su pedestal del cielo,
una parte de su galaxia apagaría;
pero mi corazón alumbraría
simplemente con decir que accedo.
Que accedo a ser tu fuente espiritual
mis sentimientos profundos y sinceros
sería el cristalino caudal
Con las velas insufladas de versos
hasta llegar al misterioso océano
que oculto llevo en mi cerebro.
Serías mi estrella del Sur
la estrella del enamorado,
por la que seguía en la oscuridad
sin temor a naufragar
¿A dónde quieres viajar
cogida fuerte a mi mano?
¿Hasta un remanso de paz
donde no llegó el humano?
Pues ven. Sígueme.
Con placer te llevaré
a ese cálido lugar
donde forjan los sueños soberanos.
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Ya estamos navegando,
vamos en dirección correcta,
las luminarias de Orión y Casiopea
con sus destellos demuestran.
Cada ola que choca en nuestra proa
son versos que acrecientan el poema,
y une con suave lazo azul
a una diosa y a un poeta.
Este poema de amor
jamás antes se había escrito,
de mi corazón surgió
a lo etéreo, a lo vendito.
Quizá se estanque en el ocaso
o será nube que el viento arrastra,
llegando a un lugar lejano
donde recibirán con alabanzas.
De momento, navegamos por un mar
donde a coro cantan las sirenas,
y todas las conjugaciones de amar
se engarzan en este poema.
Yo te amo, tú me amas,
los dos nos amamos…
¿Qué más podemos pedir?
Quizá sólo otro poema
para poder compartir.







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