A sus órdenes mi capitán
Un día la conocí. Me pareció una mujer extraordinaria. Participó en la guerra que sostuvo su país “Ecuador” con su país vecino “Perú” el cual intentaba arrebatarle parte de su territorio.
Luchó y venció. Obtuvo cinco medallas al merito y al valor, llegando a ser capitán con opciones de ascender a rango de General; Pero por decisiones políticas, tuvo que huir del suelo patrio, viéndose en la necesidad de partir de cero en otro país extraño, donde su gente, nada le importaba de su glorioso pasado. Entonces se convirtió en una hormiga más de ese inmenso hormiguero donde priva la indiferencia y ostracismo.
De poco le sirvieron sus dotes de mando. Ella ahora era una obrera más de cuyo trabajo apenas obtenía recompensa.
Seguramente se vio obligada para poder subsistir el aceptar proposiciones que en otro momento, hubiese rechazado de forma tajante por inmorales. Pero así es la vida de los mortales. Tienes que morir al palo cuando está en juego tu propia vida.
A la gente esas cosas parecen no importarle. Llevan en sus genes el materialismo puro y duro, y sólo te valoran por lo que tienes, más que por los tesoros que porte tu interior. Pero si no le ayudas cuando lo necesita, al menos no le pongas el pie para rodar y caer a ese pozo de ingratitud y cruel indiferencia. Ella es una persona y sólo por eso, a mí me vale.
En lo que en mi mano esté
sin dudar te ayudaré.
Dios me hizo así, diferente,
y posiblemente, hasta la muerte.
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