Mi corazón horadado
Nunca sabré que pasó aquella tarde
cuando en un arrojo de valor,
me lance a tu piscina de amor
sin encontrar nada ni a nadie.
Fui a chocar contra un muro
de cruel indiferencia,
pero he ahí la diferencia
me arrojé estando seguro.
Tu mirada era arrogante y fría
rayando mi apasionado corazón,
y fue tal mi desilusión
que abierta tengo una herida.
Mi corazón quedó horadado
por los crueles silencios,
sin respuesta a unas preguntas
que sutil arrastró el viento.
Las ventanas de tus ojos
sólo vieron cuervos negros,
inflamando el éter purpura
propio de crueles inviernos.
La vida se despereza
con sus fulgores eternos,
pues eterna es la grandeza
cuando son versos etéreos.
Las orgullosas navajas
desgarran los sentimientos,
adentrándose en el alma
y humedeciendo pañuelos.
Triste tañen las guitarras
roncos suenan los tambores,
cuando alguien dice que ama
y el ser querido desoye.


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