Jamás pensé en la agonía
Que a uno le puede causar,
Aquel amigo que un día
Confiaste tu amistad.
Una tentación proscrita
Propia sólo de Satán,
Pasó por su mente impía
Con alevosía voraz.
Trompetas apocalípticas
De pronto oíste sonar,
Y con garras de perfidia
Se posó en tu pedestal.
Pedestal donde yacían
Nobleza y sinceridad,
Más cual carcoma atrevida
Puso a roer sin piedad.
¡Oh vieja encina abatida
Por la oruga criminal!
Puede que un día tus espinas
Entonces de ello se arrepienta
Y te venga a suplicar,
Que le perdones la afrenta
Entonces tú y tu conciencia
Habrán de dictaminar,
Si esa amistad la renuevas
O la intentas olvidar.



No hay comentarios:
Publicar un comentario