No me importa el color de tus ojos y tu piel
Ni las hechuras que luzcas en tus prendas,
No me importa porque si haces el bien
Siempre habrá un corazón que te comprenda.
El calor fraternal de una mujer
Y el susurro de su canto de sirena,
Han de congeniar con tu forma de ser
No des vueltas preguntándote el por qué
De la vida que tú llevas tan rastrera,
Porque siempre ha habido y ha de haber
Alguien que se sienta enredadera.
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