miércoles, 2 de enero de 2019

Nadie dio nada

Nadie dio nada

 


Cadenas de rebeldía

Aprisionan mis entrañas,

¡Qué mala estrella la mía

Que brilla con luz amarga!


Un hombre ya se creía

Y quiso riendas más largas,

Así, al partir aquel día,

En dos dividió mi alma.
 

Se fue por mera porfía

Dándome sólo la espalda

¡El qué más duelo me hacía

El retoño de la casa!

 

 

Sólo imaginar podría

El dolor que me desgarra,

Otra madre si algún día,

Al hijo del pecho arrancan.
 






Llegó la noche y lucía

La luna como una lámpara,

Su alcoba estaba vacía,

Y en su mesilla una carta.
 

En la cual allí ponía

Algunas posibles causas,

Sus sueños y fantasías,

Allí quedaron plasmadas.
 

Que en el pueblo se aburría,

Que su ambiente le asfixiaba,

Y otro horizonte  existía

Más allá de las montañas.
 


Su ausencia el pecho oprimía

Como si fuera una faja,

Pensando en qué es lo que haría

Y si encontró lo que buscaba.
 

 




¡Por  Dios que triste ironía!

¡Qué atrevida es la ignorancia!

Pues esta se resistía

Agazapada en la trampa.
 





¡Qué credulidad la mía!

¡Pensar que quizá triunfara!

Su suerte desvanecía,

Nadie le ayudó en nada.
 


Aquella mañana fría

Había dos dedos de escarcha,

Noticias por fin tenía

En escueto telegrama.
 

“Su hijo quitó la vida,

Logró sus venas cortarlas,

Lo encontró la policía

Cadáver en la madrugada.”
 


Dos cartones lo cubrían,

No le dieron ni una manta,

Larga sería su agonía

Aquella noche... ¡tan trágica!

***


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