Nadie dio nada
Cadenas de rebeldía
Aprisionan mis entrañas,
¡Qué mala estrella la mía
Que brilla con luz amarga!
Un hombre ya se creía
Y quiso riendas más largas,
Así, al partir aquel día,
En dos dividió mi alma.
Se fue por mera porfía
Dándome sólo la espalda
¡El qué más duelo me hacía
Sólo imaginar podría
El dolor que me desgarra,
Otra madre si algún día,
Al hijo del pecho arrancan.
Llegó la noche y lucía
La luna como una lámpara,
Su alcoba estaba vacía,
Y en su mesilla una carta.
En la cual allí ponía
Algunas posibles causas,
Sus sueños y fantasías,
Allí quedaron plasmadas.
Que en el pueblo se aburría,
Que su ambiente le asfixiaba,
Y otro horizonte existía
Más allá de las montañas.
Su ausencia el pecho oprimía
Como si fuera una faja,
Pensando en qué es lo que haría
Y si encontró lo que buscaba.
¡Por Dios que triste ironía!
¡Qué atrevida es la ignorancia!
Pues esta se resistía
Agazapada en la trampa.
¡Qué credulidad la mía!
¡Pensar que quizá triunfara!
Su suerte desvanecía,
Nadie le ayudó en nada.
Aquella mañana fría
Había dos dedos de escarcha,
Noticias por fin tenía
En escueto telegrama.
“Su hijo quitó la vida,
Logró sus venas cortarlas,
Lo encontró la policía
Cadáver en la madrugada.”
Dos cartones lo cubrían,
No le dieron ni una manta,
Larga sería su agonía
Aquella noche... ¡tan trágica!
***









No hay comentarios:
Publicar un comentario