Mi Musa
Cuando me hallo vacío, me refugio en ti y me lleno ¡Oh musa mía! Mi agradecimiento es y será infinito. Porque rayas la espiritualidad, y por tanto, eres sagrada para mí.
Te notifico mis secretos y te adentro en mis pesares. Tú, siempre me amparas con tu divina benevolencia.
Gracias nuevamente por escucharme. Porque tú, sabes escuchar, cosa importante. Cuando te hablo me desahogo y apaciguo. Contigo, todos los problemas parecen tener fácil solución.
Te reitero mi agradecimiento, además por tu dulce compañía junto a tus palabras de aliento. Sin ti, la verdad es que no sé qué haría. Porque en soledad, se ensancha más la agonía.
Es una agonía por tantas cosas que a mi alrededor conspiran, que parece mentira que nos hallemos en un mundo tan deshumanizado. Donde todos tiran de la cuerda. Y a veces, hasta consiguen arrastrarte a los negros abismos donde se fraguan las miserias más retorcidas. Cuesta salir de él, y enfrentarte a un presente tan diabólico. Pero te tengo a ti, cual tabla de apoyo en este ancho océano de intrigas y fatigas, haciendo que mi vida sea más llevadera.
No todos los que como yo se sienten, tiene la suerte de contar con alguien como tú, guiándome los pasos como ángel de la guarda. Y acaban enrollados por el negro epitafio de una cuerda tirante, en un añoso árbol. Donde después, nadie derramará por ellos ni una lágrima.
Porque hoy día, las lágrimas se cotizan en la escala de valores a un precio altísimo. Ya pocos son los que lloran, ni por nada ni por nadie. Las personas son como islas separadas unas de otras. Y no por agua, sino por fríos puñales que, no dudarán en clavártelos si te arrimas.
Cuán diferente eres tú, desviviéndote por mí. Por siempre acapararás mis calificativos elogios, dado que me deslumbras con tu bondad cegadora.
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