El anciano labrador de
Ejea
Muestras tu cuerpo tullido
Afanado labrador,
Que te devoró el Sasillo,
La Marcuera y Facemón.
Las mulas y las galeras
Quedaron en el olvido,
Como las viñas de Sopeña
Y el Saso lleno de olivos.
Ya no te irás con la aurora
A buscar viajes de leña,
Hasta los montes de Sora
Ni tampoco a las Bardenas.
Porque para los ancianos,
Ya hay residencia nueva,
Que según es un hotel
Que tiene varias estrellas.
Donde hay guapas señoritas
Que les cuidan y pasean,
Y hasta tienen una capilla
Para rezar si lo desean.
Un espigado ciprés
Parece que la custodia,
Y la Plaza de la Merced
Aún parece más preciosa.
Con su bien cuidado césped,
Con su suelo de baldosas,
Y con su soberbia fuente
Fluyendo por cuatro bocas.
***




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