Para dejar las cosas igual que estaban
Un niño, alegre, pasea con su perro
por el camino estrecho
que sobre la montaña se yergue;
desde lo alto, observa un magnífico valle
tapizado cual fantástica alfombra verde.
Es allí, donde nacen las nubes
que luego coronan las cumbres,
y después bajan
para refrescar los prados.
Qué feliz se ve al niño
con su inseparable amigo,
empapando de aquel universo
verde y azul,
elegido para todos nosotros,
y así poder decir que,
la vida merece la pena,
que en este maravilloso
mundo se puede ser feliz,
solo hay que respetarnos
los unos a los otros,
haciéndonos sentir,
sin que nada de lo creado
por caprichos inconscientes
lo podamos destruir.
Yo me dejo llevar por la alegría del niño,
un niño que crecerá y se hará hombre,
para dominar todo
lo que se le ofrece a la vista.
Pues el hombre, tiene cierta inclinación
a arrasar todo lo que ve
con el objetivo de triunfar.
Estamos preparados para cualquier cosa
y sin permiso, si le apetece cambiar algo,
no dudará en cambiarlo.
Qué este majestuoso abeto
estaría mejor en mi jardín,
pues lo arranco y me lo llevo hasta allí.
Que este dulce pajarillo me encantan
sus delicados y prolongados trinos,
pues lo cojo y lo meto
en una jaula de oro
para poderlo escuchar
de cerca todas mañanas
Como si fuera un concierto.
Y así un suma y sigue
para poder demostrar,
que el niño se hizo todo un hombre,
un hombre que ya está, según el dice
preparado para triunfar.
Luego, el que antes fue niño
pasará por el sendero
que tantas veces pasó,
y se dará de bruces
con la cruz que de él surgió.
Todo le será irreconocible,
pues nada habrá igual.
Donde antes había un tupido bosque,
ahora hay un campo de maíz o cereal.
Y todo porque el hombre
se cansó de ser hombre
y ahora, quiere ser el mismísimo Dios.
Les puede su ego, y ahora,
en vez de pasear con un perro
forma jaurías para aniquilar
al zorro, al lobo, al oso...
Y a éste, por ser el más poderoso,
le arrancará las entrañas
y curtirá su piel,
para luego hacer una alfombra
para limpiarse los pies.
Y que tenga cuidado el águila real,
pues el plomo llega lejos,
y si se descuida la abatirán
para ser luego un trofeo
que una pared a de llenar,
acompañando a las cornamentas
de cérvidos de cualquier lugar.
¿Eso os parece bien?
El niño que paseaba alegre con su perro
por el sendero de la montaña,
lo único que puede hacer ahora es llorar.
Si no ¿Qué otra cosa puede hacer
si todo esto se nos acaba?
Si el mundo no vuelve a girar al revés,
y esa. es la única manera de dejar
las cosas igual que estaban.
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