miércoles, 29 de octubre de 2025

Para dejar las cosas igual que estaban

 





Para dejar las cosas igual que estaban




Un niño, alegre,  pasea con su perro 

por el camino estrecho 

que sobre la montaña se yergue;

desde lo alto, observa un  magnífico valle

tapizado cual  fantástica alfombra verde.

Es allí, donde nacen las nubes

que luego coronan las cumbres,

y después bajan 

para refrescar  los prados.

Qué feliz se ve al niño 

con su inseparable amigo,

empapando de aquel universo

 verde y azul,

elegido para todos nosotros,

y así poder decir que,

 la vida merece la pena,

que en este maravilloso

 mundo se puede ser feliz,

solo hay que respetarnos

  los unos a los otros,

haciéndonos sentir,

 sin que nada de lo creado

 por caprichos inconscientes

 lo podamos destruir.

Yo me dejo llevar por la alegría del niño,

un niño que crecerá y se hará hombre,

para  dominar todo 

lo que se le ofrece a la vista.

Pues el hombre, tiene cierta inclinación

a arrasar todo lo que ve 

con el objetivo de triunfar.

Estamos preparados para cualquier cosa

y sin permiso, si le apetece cambiar algo, 

no  dudará en cambiarlo.

Qué este majestuoso abeto 

estaría mejor en mi jardín,

pues lo arranco y me lo llevo hasta allí.

Que este  dulce pajarillo me encantan 

sus delicados y prolongados trinos,

pues lo cojo y lo meto

 en una jaula de oro

para poderlo escuchar

 de cerca todas mañanas

Como si fuera un concierto.

Y así un suma y sigue 

para poder demostrar,

que el niño  se hizo todo un hombre,

un hombre que ya está, según el dice

preparado para triunfar.

Luego, el que antes fue niño

 pasará por el sendero

que tantas veces pasó,

y se dará de bruces 

con la cruz que de él surgió.

Todo le será irreconocible, 

pues nada habrá igual.

Donde antes había un tupido bosque,

ahora hay un campo de maíz o cereal.

Y todo porque el hombre

 se cansó de ser hombre

y ahora, quiere ser el mismísimo Dios.

Les puede su ego, y ahora, 

en vez de pasear con un perro

forma jaurías para aniquilar

 al zorro, al lobo, al oso...

Y a éste, por ser el más poderoso,

le arrancará las entrañas

 y curtirá su piel,

para luego hacer una alfombra

 para limpiarse los pies.

Y que tenga cuidado el águila real,

pues el plomo llega lejos, 

y si se descuida la abatirán

para  ser luego un trofeo

 que una pared a de llenar,

acompañando a las cornamentas 

de cérvidos de cualquier lugar.

¿Eso os parece bien?

El niño que paseaba alegre con su perro

por el sendero de la montaña,

lo único que puede hacer ahora es llorar.

Si no ¿Qué otra cosa puede hacer

 si todo esto se nos acaba?

Si el mundo no vuelve a girar al revés,

y esa. es la única manera de dejar

 las cosas igual que estaban.


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