La zarpa negra del desierto
Oh, oh, oh, oh, oh, oh, oh, oh, oh...
Tú , yo , y todos nos preguntamos
dónde, dónde, dónde, dónde están
las diez mil almas que habían
en esta maravillosa ciudad,
Poco a poco, fueron desapareciendo
transformadas en hojas amarillas
que en el otoño cruel arrastra el viento.
Las hojas, unas se transformaron en yacija,
o en humus de huertos yertos
otras se fueron volando
allá a donde quiso el viento,
aunque muchas, lo más probable
es que las tragase el desierto.
El desierto es poderoso,
además de ser sediento,
pues las arenas convierte
en puñales que a los ojos deja ciegos.
Ninguno daba importancia
a aquella resta en silencio,
hasta que un día su vecino
fue el que le dijo hasta luego.
Hasta entonces no comprendió
que aquel lugar ya no se veía ajetreo,
que ya no se oye la música
que producía el yunque del herrero,
pues la última herradura
se la puso a un mulo viejo.
Ya no hay miradas indiscretas
ni corrillos con cuchicheos,
La vida pasa en silencio
tanto, que incluso no vemos,
que los amigos se van
a visitar cementerios,
y se van con una lágrima;
pero con diez vuelven luego.
Lo que antes era una ciudad,
ahora no llega ni a pueblo,
pues tan solo se ven vagar
por las calles a los perros,
unos perros que no ladran
pues ya quedaron sin dueños.
A paso de lobo avanza
el poderoso desierto,
es un desierto sin alma,
pues alma...no tiene un muerto.
El desierto es cruel e inhóspito,
su sombra ya llega al pueblo,
y cuando baje su zarpa
aplastará al pueblo entero.
Para al final, hacerlo polvo,
pues polvo somos
y polvo... es lo que tú y yo, seremos.
Mmmmmmmh... Mmmmmmh....
Mmmmmmmh... Mmmmmmmh...
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