Hijos del viento
Según cuentan las leyendas
Dios formó la Tierra al séptimo día;
Pero antes, hizo el viento,
un viento con alegría.
El viento se embarazó de la luna,
y la luna, como broche,
se enamoró del bostezo
prolongado de la noche.
La noche, del arroyo se enamoró,
y fruto de esa pasión mundana,
al viento le puso un alma,
surgiendo así la raza gitana.
Somos los hijos del viento,
que a todas partes cabalgan,
pues no estamos mucho tiempo
donde nuestras bestias pastan.
Pues al ser hijos del viento,
igual que llega... Se marcha...
La gente nos conoce poco,
nuestras costumbres extrañan,
y creen que somos un foco
de perjuicios y mentiras;
Pero todo son patrañas.
A veces hasta se asombran
que toquemos la guitarra,
y que nuestro cante sea hondo,
porque honda es nuestra alma.
Alma de vida, alma gitana.
Desde entonces los gitanos
somos los hijos del viento,
pues mucho tiempo no estamos
en un lugar en concreto.
Pues nuestro espíritu errante
nos incita a conocer,
praderas con otros verdes
en los que poner los pies.
Hoy alrededor del fuego
bailaremos descalzos,
para mejor sentir la tierra
que todo el mundo pisamos.
Yo vivo en un carromato
que es arrastrado por mulos,
pero vamos a donde queremos
y donde más nos apetece,
asentamos nuestro culo.
Dicen que somos culo de mal asiento,
que se nos clavan los mimbres
con los que hacemos los cestos.
Esa es la única verdad
que los payos de nosotros dicen,
lo demás es falsedad,
pues en verdadera maldad,
todavía somos aprendices
hasta que a los payos
nos podamos igualar.
Ya se marchan los gitanos
a conocer mundos nuevos,
el mundo está en nuestras manos
tan solo hay que recogerlo.
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