Noche de cosacos
Muchos dirán que estoy loco
por ir caminando solo,
más solo nací y crecí,
lo mismo que el lobo solitario,
por aventurarse a descubrir
horizontes nuevos,
para formar su manada luego.
Las llanuras extensas
alimentan mi corazón,
y nadie oirá de un cosaco
decir una maldición.
Busco a una cosaca ardiente,
decidida y con pasión,
que me haga crecer los dientes
con sus fantasías de amor.
El sol brilla para todos,
la luna, brilla para los dos,
pues esta noche la luna
en el arroyo se reflejó.
Era una luna de sangre,
la que todo cosaco soñó,
para clavar sus puñales
impregnados de pasión.
Todos los cosacos que vinieron
llegaron al arroyo con ilusión,
y tras los besos que se dieron
rubricaron mutuo amor.
Es un lugar solitario,
lleno de penumbras yertas,
pero allí está el diccionario
carente en toda la estepa.
Es libro de muchas páginas;
pero siempre hay una abierta,
y es página que todos leen
ya que ningún rublo cuesta.
Una de las cosas que dice,
es que disfrutes de la vida,
porque una vez que esta pasa
nadie a de oír lo que pidas.
Qué feliz ahora me encuentro
al lado de esta cosaca,
que tiene rubios cabellos
y como el bronce es su cara.
Fruto del viento del Norte,
y de los Montes Urales,
viento que curte a sus gentes
como la sal de los mares.
Tú y yo, somos las dos piezas
que faltaban a la luna,
para completar el rompecabezas
que nos diera la fortuna.
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