Un caballo llamado Diablo
Esta es la historia de un hombre
que estaba desesperado,
pues alguien le quito el nombre
para lanzarlo al océano.
¡Ay, qué pena...! ¡Ay qué pena...!
que alguien me pusiera un nombre
y no pueda utilizarlo.
Mas no fue ningún Titán,
ni un medio hombre y caballo,
ni ningún ser mitológico,
ni alguien que llegó del espacio.
El ser que le quitó el nombre
para dejarlo en el barro,
Fue una linda muchachita
De la que quedé prendado.
¡Ay, qué pena...! ¡Ay qué pena...!
Que alguien me pusiera un nombre
y no pueda utilizarlo.
Fue una guapa señorita
Paseando un dia a caballo.
Pues con ella se paseó
por los más extensos prados,
hasta que ésta decidió
dejarlo como finiquitado.
Al día siguiente se fue
hasta un pueblo abandonado,
que antes fue pueblo minero
Pero que quedó agotado;
Pero su padre le dijo
que sería bueno comprarlo,
ya que tenía la licencia
para de nuevo inaugurarlo.
Ya ves tú que tontería:
que abriría un nuevo mercado,
Tambien una ferretería
Con toda clase de trastos,
Y un bar para pasar el rato
echando apacibles tragos,
Y que restauraría el establo
para así herrar a los caballos
Protegiendo asi sus cascos.
¡Pero quien va ir a ese sitio
si el oro ya se había agotado!
Pero su padre le insistía
qué era un pueblo con futuro,
pese a estar todo arruinado.
Al pueblo llamaría: "Las Vegas"
No porque allí hubiera un río,
fuente del buen hortelano,
¡Qué va! Todo aquello era un desierto
donde solo imperaba el llanto,
por lágrimas derramadas
De hombres desesperados.
Tan solo había unos coyotes
por allí fisgoneando,
y algunos pardos lagartos
que permanecían escuálidos,
de esos que viven bajo piedras
para no ser abrasados.
Yo iba buscando a la chica,
la que me quedó prendado,
el día que paseamos juntos,
alegres por nuestros prados.
Yo debería rescatarla
Para rescatar a la chica
de las garras de un ingrato.
que se me fue con mi nombre
y a mí me dejó en el barro.
Ya voy siguiendo sus pistas
igual que lo haría un navajo.
Y es que estoy hecho un artista.
Eso dice mi caballo,
pues de momento, no veo a nadie,
y por eso, con él hablo.
Menudo par de fenómenos
en el mundo se han juntado,
un hombre enamoradizo
y un caballo llamado Diablo.
Ella se llevó mi nombre
hasta un pueblo abandonado.
Yo era Tomás de la Vega,
Ahora ya no sé quien soy,
ponme tú un nombre cualquiera,
pues a donde llaman, voy.
Aeoe, aeoe, aeoe, aeoe, aeoaaahhh...
Aeoe, aeoe, aeoe, aeoe, aeoaaahhh...
Mmmmmhh... Mmmmmhh... Mmmmmhh...
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