La opulenta ciudad
Hiummm,hiummm,hiummm...
Trac-trac-trac-trac-trac-trac...
Ruidos incansables de ciudad.
Calles atestadas de farolas,
de cables por todos lados,
como una inmensa telaraña
de cables retorcidos y enrollados
que van de tejado a tejado.
Cables para capturar sentimientos
y protestas de las personas;
pues son conscientes de que esos cables
te asfixian y te ahogan.
La ciudad, se ha convertido
en una intrincada ratonera,
con vehículos rodantes y asfixiantes,
incluso hasta por las aceras.
Pero es una ciudad importante.
Ya lo sé. Ideal para morir de asco;
Pues ni puedes ver una nube al completo,
los cables negros impiden ver el cielo.
La ciudad ahoga al espíritu libre,
e impide ver a las estrellas errantes,
cuando desprenden sus collares
de relucientes perlas amarillas.
Lo impide, su contaminación lumínica.
Qué triste es tener que vivir en una ciudad,
donde nadie conoce a nadie.
Pues eres una sombra, sin nombre,
que no se merece le digan un adiós.
Los cables negros que cubren su cielo,
son los ideales, para colgar tu frágil cuello.
Pocas personas se atreven
a alzar la voz y protestar,
sin que mil perros de presa
se te lancen a la yugular.
Pero es verdad, mi verdad,
y mi verdad, hay a quienes todavía
no les agrada escuchar.
Por eso, te tapan la boca,
para que no puedas molestar,
y digas que ese es el futuro
que tus hijos han de heredar.
Porque la belleza ¿Dónde está?
¿Dónde está el sol del amanecer?
¿Dónde los bosques llenos de pajarillos?
¿Dónde los transparentes lagos?
¿Dónde los sonoros y limpios ríos?
Desde luego, nada de eso,
existe en la opulenta ciudad.
Solo cables negros tapando el cielo
por si con ellos, te quieres ahorcar.
Mmmmmmmh...Mmmmmmh...
Hium, hium, hium, hium, hium...
Trac-trac-trac-trac- trac-trac-trac...
¡Qué dos alegres pajarillos acaban de pasar!
¡Vaya, vaya, vaya, vaya, vaya...!
¡Vaya que asquerosidad...!
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