Cuando todo bien acaba
Mmmmmh....Mmmmmmh... Mmmmmh...
Lei, lei, lei, lei, leile, lelereiley...
Lei, lei, lei lei, leile, lereleley...
los de mi familia fuimos
unos inconscientes y atrevidos
pues pese a los anuncios de no viajar,
repetido por los informativos,
por decisión propia,
a la montaña nos fuimos.
Ooooooh, oooooooh, ooooooh...
Fue una aventura maravillosa
y ni que decir, muy peligrosa.
En el horizonte, se dibujaban las montañas,
fantásticas, maravillosas,
un regalo de Dios para la vista
y también para el alma.
Gracias a que íbamos bien equipados,
aunque no sabíamos, no sabíamos,
a qué elementos íbamos a enfrentarnos.
Pues de repente, oooooh...
y cuando menos lo esperábamos, oooooh...
nos azotó un viento racheado.
El día maravilloso, a negro fue cambiando.
La visión empezó a escasear,
la niebla todo ocupó,
impidiéndonos avanzar,
pues a ciegas, nadie puede circular.
Y en una de las fuertes ráfagas
de aquel imprevisible vendaval,
llegó la nieve y con manto de armiño
todo todo, todo... logró blanquear.
Qué lastimosos momentos
habríamos todos de pasar.
Pue s a nevar, se sabe cuando se empieza
pero no se sabe cuando va a acabar.
Y para desafiar al mal tiempo.
Yo, tocando la guitarra,
y con la armónica de mi papa,
comenzamos a cantar canciones
para que nuestro visible miedo
poderlo de ese modo ahuyentar.
Nuestro todo terreno fue cual iglú,
cuando el sol comenzó a brillar;
Y entonces, desde nuestro mirador,
fuimos unos privilegiados por contemplar
el majestuoso valle con todo su esplendor.
Oooooh....Oooooh...Oooooh...
pero todo acaba bien,
cuando todo bien acaba;
y eso nos pasó a nosotros
por viajar a las montañas.
Mmmmmmmh...Mmmmmmh...
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