Todos tenemos un hada
Todos tenemos un hada
guiándonos por la vida,
para que no claven la espada
que en la piedra fue metida.
Probaron hombres forzudos
y la espada, a salir se resistió,
sin embargo fue un chiquillo
quien con dulzura la saco,
como quien saca un cuchillo
de una pastilla de jabón.
Con esa acerada espada
surgieron conquistadores,
de tierras muy apartadas
de reyes y emperadores.
Pero no fue con la espada,
ni tampoco con un couchillo.
con lo que se arman las hadas
sino con junco muy fino.
Un junco de los que crecen
en las orillas del río,
donde la inquieta libélula
hace en el sus equilibrios.
Pero un día se cansó
y pincho su aguda espina,
causándole gran dolor
pues su veneno es de víbora.
Mas poco a poco, mutó,
de libélula pasó a ser hada,
y sus alas conservó
porque las hadas son buenas.
Ellas, se hacen muy amigas
de los niños más pequeños,
pues son sus hadas madrinas,
en las aldeas y en pueblos.
Hacen que nunca se pierdan
si se adentran en el bosque,
pues el hada, es cual estrella
que más brilla por la noche.
En el bosque de Serboll,
muchas tienes disponibles,
para dar tu ubicación
incluso en aquellos casos
que parecen imposibles.
Las hadas, las hadas, las hadas...
las supremas, las magníficas,
las muy siempre deseadas
pues sus hechos magnifican.
A las hadas todos quieren
aunque nunca las hayan visto,
por eso, algunos sugieren
que viven desde antes de Cristo.
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