La carta
que te debí escribir
Aquí estoy, solo en casa.
¿Y qué puedo hacer?
Tengo varias opciones:
¿Escuchar música hasta dormirme?
¿Escribir una carta sin remite?
Quizá, y por la disposición de mis ánimos
vayan por ahí los tiros.
Hoy sí, venga, hoy podía ser un día especial,
pues especial es esta maldita soledad.
Ya empiezo a escribir.
Esta carta, repleta de sinceridad,
va dirigida a ti, a la diosa llamada bondad.
Si la hubiese escrito en el momento adecuado,
mucho a mejor las cosas nos habrían funcionado.
No lo hice so siento, fue un garrafal fallo.
¡Pero quién en esta jodida vida
alguna vez no se ha equivocado?
Quiero verte para pedirte perdón amada mía,
pues sin ti, cada día se deprecia más mi vida.
Nuestra felicidad, se la llevo esa diosa,
casi siempre odiosa llamada Felicidad.
Ella se la llevó y la arrojó al precipicio,
donde se precipitan los sueños proscritos.
Yo te prefiero a ti, porque tú,
eres mi diosa maravillosa,
la perfecta, la milagrosa.
Te quiero diosa preciosa.
No me abandones como una simple cosa.
No tengo flor; pero sigo siendo tu mariposa.
Ya he cerrado la carta
con sello de eternidad.
Amor créeme,
porque yo... te amo de verdad.
Falta que la leas.
No la quemes ni tires a la papelera,
porque yo, estoy solitario,
y este solitario, con ardor te espera.
Déjame ser tu bebé.
O haz conmigo lo que quieras,
como si me das a elegir
entre la cuerda o tijera.
Me daría igual, pues sin ti,
hasta lo verde se seca.
Ven, ven, ven, ven...
Ven corriendo o volando
porque yo, mi amor...
con los brazos abiertos te estoy... esperando...
Mmmmmmmmh...Mmmmmmh...
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