La joven
que contempla el horizonte
Encaramada en lo alto del acantilado,
observando el mar,
viendo una puesta de sol,
magnífica, brillante, espectacular,
permanece ella,
mirando al horizonte,
quizá buscando un barco que nunca llega.
Pues los barcos pasan,
pasa, pasan, pasan, pasan...
todos ante ella pasan,
Y ninguno se fija en ella,
como en la vida real
a algunas mujeres pasa,
por muy guapas que se pongan
y parezcan que son muñecas de porcelana.
Ese, ese, ese, ese, ese, es el problema,
que la porcelana es muy cara ,
y si la dejas caer... estallan.
Si tu carta de presentación
es solo tú formidable físico,
espera, espera, espera, espera...
aguanta, aguanta, aguanta, aguanta...
Tú sigue aguantando,
pero no olvides que los años van pasando
y te puede pasar como a las dulces uvas
que con el tiempo se vuelven pasas.
Pero hoy miras al horizonte,
e intentas descubrir su cielo,
y del cielo estoy bajando yo
para ser tu hombre y también
tu apoyo y tu consuelo.
Yo te construiré una casa
al borde del impresionante acantilado
para que cuando tengas tiempo sigas,
sigas, sigas, sigas, sigas, sigas...
Sigas observando el horizonte si ello te gusta.
Yo te observaré a ti,
que ere mi cielo, mi amor, mi vida, mi consuelo.
Y te diré mil veces seguidas que te quiero.
Te quiero, te quiero, te quiero, te quiero...
Te lo diré tantas veces,
como tantos otros nunca te dijeron,
quizá ante el temor inmenso
de que tu fina porcelana se rompiese,
y entonces eso, eso, eso, eso, eso...
ya no tuviese ningún arreglo,
cuando yo me hubiese conformado
con un trocito tuyo, aunque fuese pequeño.
Sigue e oteando el horizonte
yo por eso no me quejo,
porque cada día sale el sol
y para mí es un sol nuevo;
pese a que yo cada día me vuelva
mas viejo y a la vez ... más sincero.
Mmmmmmmhhhh... Mmmmmmhhhh...
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