El curtido cowboy
Me gustan los hombres curtidos
que fueron azotados por el viento,
que fueron curtidos por el sol del desierto.
A un hombre así busco,
a un hombre así, lo sueño.
Y ahí lo veo que llega
a paso lento,
pues llega fatigado,
con la silla de su caballo a cuestas.
Quizá su caballo murió agotado
al cruzar el desierto,
o fue mordido por una cascabel.
Lo cierto es que aquí llega,
lo cierto es que llega él.
Desde mi ventana le hago señas
y le pido que suba;
Sube, sube, apuesto forastero,
que yo le tengo preparada una bañera
con agua limpia y perfumada
con pétalos de rosas de mi jardín;
Para que cuando de ella salga
me diga que me quiere,
que me quiere solo a mí.
Yo le rasuraré la barba
y recortaré sus cabellos dorados
requemados por el sol,
y entonces, lo pasearé por toda la ciudad,
como si fuera un trofeo;
pues los hombres por el sol curtidos
ya están al borde de la extinción.
Pero lo que siempre perdurará,
es la mujer que espera al hombre que soñó.
Y ese hombre, es un cowboy,
al que una cascabel del desierto
a su caballo mordió.
Pero él es un cowboy fuerte,
y también cariñoso.
Ese cowboy, eres tú...
Eres tú...
Eres tú...
Tú eres ese forastero,
tú eres al cowboy que yo más quiero...
Ummmmh... Ummmmmmh...
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