La dueña del tiempo
Hay cosas que pasan
sin necesidad de tener que ir a buscarlas.
Pasan porque pasan
como en este caso,
cuando paseando por la ciudad
a tu lado un coche pasa,
pasa simplemente,
¡Hiuuuuumm...! Veloz Pasa.
Solo Dios, puede anticiparse
a si algo malo pasa.
Pero para eso, hay que estar al acecho
como lo hace la alimaña,
sin importar el color de la gallina.
ella, hoy será su caza.
Qué felicidad es estar en esta ciudad
donde todo el mundo camina, circula,
todo está en movimiento,
gentes, coches, ambulancias,
semáforos que de color cambian,
todo fluye al ritmo
de la burbujeante champagne.
Pues esta ciudad, bien podría ser de Flandes,
bien de Grecia, o bien de España.
Al tiempo, no le importa donde,
él tiempo es el jefe, el más grande,
el que decide quien es el que ahora pasa.
No es ni tan siquiera un político,
ni un sacerdote, ni el mismo Papa,
El tiempo es el guardia de tráfico,
el que decide quien pasa.
Tú espera, que ahora le toca a Atila,
y ahora al tigre de Bengala,
y ahora, ahora sí, ahora esa señorita
que tiene las piernas largas.
Pues a parte de lo que llamamos tiempo,
son ellas las que nos mandan,
Venga, circulen, por esta vida,
por aquí, debajo de mi puente,
el que a todos causa gracia,
¡Vamos...circulen...!
¡Pero es que estáis bobos o qué !
¿Pero eso quien lo dice?
El reloj que hay bajo mis faldas.
¡Serán imbéciles!
¡Vaya estúpidas caras!
Mira que poner en duda quien manda.
¡Espera, que ya te lo dirán en tu casa!
Bien, bien, bien-bien, bien, bien-bien...
Venga, vamos, circulen, por aquí,
por debajo de mi faldas,
que es donde se encuentra el reloj
que nos dirige y nos manda.
Lai,lai,lailai, lai, lai, lai,lailaila...
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