jueves, 6 de noviembre de 2025

A las dos de la mañana

 







A las dos de la mañana




Ding-dong... Din-dong...

Se oyen las dulces campanadas

del reloj de nuestro salón. 

Y a esas horas  de la mañana,

cuando todo el mundo

apaciblemente duerme, 

vienen hasta mi cama  a despertarme

dos ratoncillos y un duende,

haciendo desplegar mi alas,

para volar  hasta donde ellos quieren.

Bien sea  montañas lejanas,

o a bosques donde se pierden,

los niños que no hacen caso

a los seres que les quieren.

Voy a  bosques encantados

en donde bailan las hadas,

y se cocinan los muérdagos.

En ese bosque encantado

un día recé una plegaria,

pues yo estaba enamorado

de una diosa legendaria.

Quería tenerla  a mi lado,

más no encontraba palabras,

hasta que un gnomo me dijo,

que antes que nada hay que amarla.

Yo  repliqué que la amaba

y que hasta la echaba en falta;

pero que igual hacía ya un año,

que estaba recluida en su casa. 

Por eso hoy en esta noche

sin necesidad de usar palabras,

iré a colocarle el broche

que en un sueño me dio un hada.

Hoy con mis alas doradas

volando iré a tu balcón,

siempre lleno de macetas

y  rebosantes de flor.

Dicen que con  flores pobres,

más me gustas su fragancias,

por eso, geranios tienes

y con una gran abundancia,

pues su clorofila contiene

las  esencias de tu alma.

En el techo del balcón,

tienes un nido de barro,

y allí es donde habito yo 

si contigo estoy soñando.

Pues como amante del bosque

me gusta todo encantado,

y el mejor encantamiento

es que vivamos los dos

plenamente enamorados,

aunque sea en un humilde nido

hecho con paja y con barro.

Hay una bruja en el bosque

que realiza encantamientos,

 y a mí con uno hechizó:

llevarte siempre en mi pecho

dentro de mi corazón.

Hoy me he puesto alas negras;

para así ser ser golondrina, 

las que más rasantes  vuelan

la triunfadora de espinas,

Pues a Cristo, de su corona quitaron

y por eso, han de ser siempre bendecidas

aunque aniden bajo las  cornisas

 de las casas con tejado.

Luego,  me asomaré del nido

que un día construí en tu techo,  

en él verás a un bonito pájaro  negro

 asomándose por su agujero.

Él es quien  te lleva en su  pecho

blanco como una paloma,

tan pura como el amor nuestro.

Mmmmmhh...Mmmmm...

Ya todos están durmiendo,

todos menos esta paloma

que extendiendo está sus sueños.

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