Este hombre
serio es Moisés
Hei, heip, heip, heip, heip...
A este enigmático hombre,
de rostro serio y luenga barba,
el hombre que no lo veía
desde que un día su anterior barba
se la cortara hasta la carne
es mi amigo de infancia
llamado Moisés, para más gracia.
Ahora, tiene una barba tan crecida
que hasta se ha hecho trencitas,
a las cuales, mezcla con hebras de seda
con llamativos colores.
Pero ahora, pero ahora, pero ahora...
muestra rostro interesante,
piel más broceada de lo habitual,
y alguna caprichosa arruga
marcada como un sello en su frente.
Este es Moisés,
mi amigo de infancia ,
el que me contaba todos sus secretos;
pues contármelos a mí, no le importaba.
Moisés, querido amigo,
cuéntame en estos años
que no te he visto
qué es lo que de ti ha sido.
¿Has sufrido decepciones?
¿Qué ha pasado con tus sueños?
¿Se han cumplido?
Cuéntame tus aventuras Moisés,
mi viejo y querido amigo.
-¿Puedo?
Adelante, adelante, no te cortes,
a todo lo que me digas, yo te sigo.
Conquisté a cinco princesas,
a cada cual de ellas mas hermosa;
pero me pasó una cosa:
a las cinco las besé
y en sus brazos me tuvieron;
pero que triste compañero,
a continuación, una a una,
de mis brazos desaparecieron.
Luego me fui navegando
con mi barquito velero,
y con él arribé en una isla
libre de penas y agitación.
Allí no había más que lindas sirenas
que a mi alrededor danzaban
y collares de flores me regalaban.
A cinco de ellas las besé
y las mantuve en mis brazos;
pero una a una, como dulces pájaros
de mi se fueron compañero,
de mí, se fueron volando.
Luego me fui hasta la selva,
y allí, y allí, bufff, madre mía,
qué bellezas nativas me encontré,
todas superaban en belleza a las anteriores
y con pasión a cinco de ellas, las besé;
pero qué pena amigo mío, qué pena,
tras hacerlo, se convirtieron en panteras;
panteras, panteras, panteras negras...
Tan negras, como una noche negra.
Luego me adentré en un desierto,
y al llegar a un oasis, allí me recibieron
unas formidables mujeres,
y para mí danzaron su danza del vientre.
Qué fascinado amigo y compañero,
tan bellas eran qué daban vértigo.
A cinco de ellas besé
y en mis brazos las sostuve;
pero qué pena amigo y compañero,
tras hacerlo, una a una,
se trasformaron en camellos;
pero aún puedo dar gracias,
porque ellos, hasta aquí me trajeron,
lugar donde comenzaron
mis enigmáticos sueños.
Y eso es todo, y eso es todo y eso es todo...
y esa ha sido mi vida,
todo un sueño, amigo y compañero.
Mmmmmmhhh...Mmmmmmmhhh...
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