sábado, 29 de noviembre de 2025

La ratita presumida

 





La ratita presumida




Ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, eeeh...

Ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, eeeh...

Cuánto me gusta presumir,

de lo guapa, de lo alta y rubia, 

de lo inteligente y limpia que soy,

por eso mientas barro la puerta

canto expresando todos mis 

extraordinarios atributos.

Ay lalaila, lailalaila, lailaila...

Ay lalaila, lailalaiña lailaila...

Qué guapa, qué alta, que rubia,

qué inteligente y limpia que soy.

Así, limpio yo, lailalaila, lailailalila..

así limpio yo, todos los días

y con la  misma alegría,

la puerta de mi casita,

para que esté  guapa y limpita.

Que divertido se lo pasaba la ratita;

Pero, pero, pero, pero, pero...

se le olvidaba una cosita :

qué era una ratita,

y además muy poco prudente,

porque de mayores, las ratas muerden,

a toda cosa y a todo vicho viviente

que ante su afilado hocico se le presente.

Que a la gente, las ratas les da asco,

y si las ven las emprenden

 con palos, con palas, con escobas,

y con todo aquello que tenga un mango.

Cuando se enteró la ratita de todo esto,

su decisión fue el irse al desierto.

Allí, nadie la conoce,

 allí, nadie le daría tormento,

por eso, lo del desierto,

 creyó que sería un gran acierto.

Y hasta allí, se iría, la ratita presumida.

En el desierto cantaría y bailaría,

y la puerta de su casa, todos días barrería.

Qué limpia tengo mi puerta

no hay ni un solo grano de arena,

y por eso estoy contenta,

y por eso, canto incluso a la luna nueva.

Tran larán, tran larán, tran larán...

Nadie, nadie, nadie, nadie...

Nadie a mí podrá igualar,

ni en belleza ni en limpieza,

y si no, mira, mira, mira... 

mira mi puerta lo limpia que está. 

 Mas pasados  uno días,

se le acabó su alegría,

por no dar a basto a quitar arena

por más que lo pretendía.

Porque lo que ella no sabía, 

es que en los grandes desiertos,

muy  fuertes soplan vientos.

Y las casitas de las presumidas ratitas

 se las traga enteras,

sepultadas por las tormentas de arena.

Adiós preciosa casita,

frágil igual que el cristal;   

y adiós esplendorosa luna,

ya no os podré ver más.

Ya no canta la ratita

 ya dejó de presumir,

pues ya no tiene casita

a donde poder vivir.

La ratita está muy triste

el desierto abandonó,

y ahora está en la alcantarilla

que el hombre a ella reservó.

Ay, ay, ay, ay, ay, ay...

qué profunda decepción, 

yo que me creía  la más guapa,

la más limpia y de todo lo mejor,

y ahora soy fea y grasienta

y desprendiendo mal olor.

Es triste reconocerlo:

 fea y asquerosa rata soy yo,

viviendo en la alcantarilla

que el hombre me reservó.

Pues aunque la rata

se vista de fina seda,

rata de por vida se queda.

Mmmmmmh...Mmmmmmh..  



 


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