La ratita presumida
Ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, eeeh...
Ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, eeeh...
Cuánto me gusta presumir,
de lo guapa, de lo alta y rubia,
de lo inteligente y limpia que soy,
por eso mientas barro la puerta
canto expresando todos mis
extraordinarios atributos.
Ay lalaila, lailalaila, lailaila...
Ay lalaila, lailalaiña lailaila...
Qué guapa, qué alta, que rubia,
qué inteligente y limpia que soy.
Así, limpio yo, lailalaila, lailailalila..
así limpio yo, todos los días
y con la misma alegría,
la puerta de mi casita,
para que esté guapa y limpita.
Que divertido se lo pasaba la ratita;
Pero, pero, pero, pero, pero...
se le olvidaba una cosita :
qué era una ratita,
y además muy poco prudente,
porque de mayores, las ratas muerden,
a toda cosa y a todo vicho viviente
que ante su afilado hocico se le presente.
Que a la gente, las ratas les da asco,
y si las ven las emprenden
con palos, con palas, con escobas,
y con todo aquello que tenga un mango.
Cuando se enteró la ratita de todo esto,
su decisión fue el irse al desierto.
Allí, nadie la conoce,
allí, nadie le daría tormento,
por eso, lo del desierto,
creyó que sería un gran acierto.
Y hasta allí, se iría, la ratita presumida.
En el desierto cantaría y bailaría,
y la puerta de su casa, todos días barrería.
Qué limpia tengo mi puerta
no hay ni un solo grano de arena,
y por eso estoy contenta,
y por eso, canto incluso a la luna nueva.
Tran larán, tran larán, tran larán...
Nadie, nadie, nadie, nadie...
Nadie a mí podrá igualar,
ni en belleza ni en limpieza,
y si no, mira, mira, mira...
mira mi puerta lo limpia que está.
Mas pasados uno días,
se le acabó su alegría,
por no dar a basto a quitar arena
por más que lo pretendía.
Porque lo que ella no sabía,
es que en los grandes desiertos,
muy fuertes soplan vientos.
Y las casitas de las presumidas ratitas
se las traga enteras,
sepultadas por las tormentas de arena.
Adiós preciosa casita,
frágil igual que el cristal;
y adiós esplendorosa luna,
ya no os podré ver más.
Ya no canta la ratita
ya dejó de presumir,
pues ya no tiene casita
a donde poder vivir.
La ratita está muy triste
el desierto abandonó,
y ahora está en la alcantarilla
que el hombre a ella reservó.
Ay, ay, ay, ay, ay, ay...
qué profunda decepción,
yo que me creía la más guapa,
la más limpia y de todo lo mejor,
y ahora soy fea y grasienta
y desprendiendo mal olor.
Es triste reconocerlo:
fea y asquerosa rata soy yo,
viviendo en la alcantarilla
que el hombre me reservó.
Pues aunque la rata
se vista de fina seda,
rata de por vida se queda.
Mmmmmmh...Mmmmmmh..
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