Un mundo feliz
Ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay...
Aeoe, aeoe, aeoe,aiae, aiaee...
Esta alegría que tengo,
esta alegría que dio Dios,
es gracias a este maravilloso mundo
que brilla y florece
con los destellos del sol.
Qué alegres vuelan los pájaros
qué alegría produce ver
al plácido arroyo correr,
serpenteando los cañaverales
y los destellos florales
del radiante amanecer.
Yo estoy aquí en esta oriya
viendo algunas maravillas
que Dios, que Dios, que Dios...
creo para mí alegre existir,
y por eso siento la brisa
perfumada de lirio y jazmín.
Nada hay comparado
con esta inmensa alegría
que me produce al sentir,
la maravillosa sinfonía,
que producen cada día
los pájaros de mi jardín.
Tirurí, tirurí, tirurí, tirurí...
El ruiseñor es el rey,
del canto y el más puntual,
el que tiene como ley
cada día despertar.
Yo me despierto contento
fruto de una bendición,
y por eso, miro al cielo
y le doy gracias a Dios.
Qué bonito es tener niños
danzando a mi alrededor,
pues sus corazones nobles
solo desprenden amor.
Y todo eso amigos míos
es por la gracia de Dios,
porque considera hijos,
como su hijo fue el Señor.
Qué alegría da este espíritu,
que nos llena de ilusión,
y por eso nos convierte
en caballo vencedor.
Tirurí, tirurí, tirururí, tiruri, tiruri, tiruró...
Dicen que Dios está conmigo,
que lo tengo por castigo,
¡y qué bueno es su sabor!
El guiso que nos prepara
cada día nuestro Señor.
Los gallos están cantando
con su mágico flautín,
pues a todos está despertando
y les anima a vivir.
Kikiriki... Kikiriki...Kikirikiiiiiii...
Esa es la alegría del gallo,
la misma que tengo yo,
por más que me caiga un rayo
en mitad del corazón.
Hoy el día está sublime,
radiante y hasta más azul,
y un reyezuelo me ha dicho
que así lo has querido tú.
Algunos buscan el cielo
y les cuesta descubrir,
que el cielo más verdadero
es el que tenemos aquí.
No el celestial, el terreno,
al que podemos pisar y sentir,
solamente hay que ser sinceros,
vivir y... dejar vivir...
Mmmmmmh....Mmmmmmmh...
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